“Llénense del Espíritu. Hablen entre ustedes con salmos, himnos y cánticos espirituales; canten y alaben al Señor con el corazón” (Efesios 5:18,19).

CANTE AL SEÑOR 

Lutero una vez dijo: “La música espanta al diablo”. Se refería a la música cristiana, por supuesto. En su vida, demostró esta forma de expresar la fe cristiana con cánticos. La música desempeñó un rol importante en sus devociones familiares y en sus reuniones sociales. Sus himnos y arreglos litúrgicos siguen siendo fuentes de inspiración en la adoración de nuestras congregaciones, después de más de cuatrocientos años de haberlos compuesto. Cantar al Señor fue una parte natural de su vida llena del Espíritu.

Estar lleno del Espíritu es característico de cada cristiano. Una de las mejores formas de expresarlo, como lo señala Pablo en el texto para hoy, es: “Hablen entre ustedes con salmos, himnos y cánticos espirituales”.

“Con salmos, himnos” nos recuerda nuestra adoración en la congregación. Nuestra liturgia luterana contiene porciones de la Escritura con hermosos arreglos de palabras y cánticos, para que los hijos de Dios alaben a su Salvador y reciban un mensaje de esperanza del Dios de su salvación. A través de las estaciones del año eclesiástico, los cristianos recuerdan los poderosos actos de la gracia de Dios, así como la necesidad de responder con alegría por las bendiciones inmerecidas.

“Con… cánticos espirituales” nos recuerdan las presentaciones corales que embellecen nuestros cultos divinos.

Los “cánticos espirituales” también traen a la mente las veces en que grupos de cristianos se reunían de manera informal, se juntaban alrededor de un piano y cantaban himnos y villancicos de pura alegría para alabar al Señor. ¿Todavía se hace eso? ¿O la televisión se las ha arreglado para que esta hermosa costumbre de “antaño” sea relegada?

“Pero no canto bien”, alguien puede decir. Pablo contesta a esa excusa inmediatamente. “[Alabe] al Señor con el corazón”, dice. Hágalo para el Señor. Usted no está allí para glorificar su voz, sino para alabar al Dios de su salvación. Una presentación musical en la iglesia puede ser perfecta técnicamente, pero si no sale del corazón para el Señor, es como metal resonante o címbalo retumbante en lo que a Dios respecta.

Oración:

Cantamos tu prez, Creador poderoso; Rendimos tributo a Ti, gran Redentor. Ofrendas te damos, tu nombre ensalzamos Con himnos y salmos de ardiente loor. Amén. (CC 324:1)