LA BENDICIÓN DE LAS MUJERES

Las mujeres le decían a Noemí: «¡Alabado sea el Señor, que no te ha dejado hoy sin un redentor! ¡Que llegue a tener renombre en Israel! Este niño renovará tu vida y te sustentará en la vejez, porque lo ha dado a luz tu nuera, que te ama y es para ti mejor que siete hijos».

– Rut 4:14-15

Es una gran satisfacción llegar a la tercera edad y disfrutar de la compañía de nietos y bisnietos. Todos los sacrificios hechos para sacar adelante a nuestros hijos dieron buen fruto. Cuidar nietos y bisnietos significa que hemos formado buenos ciudadanos capaces de establecer familias sólidas para el bien de la sociedad. No hay mayor riqueza que esta. Pero para Noemí nada de esto era verdad.

Su esposo y sus dos hijos murieron dejándola sin nietos. Según las normas de entonces las nueras todavía podían formar familias a nombre de sus esposos muertos si un pariente se casaba con ellas. Noemí ya era muy mayor como para tener hijos y aun si los tuviera el tiempo que tardarían en crecer esos hijos no permitiría que las nueras podrían ser otra vez madres. Sus nueras eran jóvenes y ella, sin poder ofrecerles nada, les animó que busquen su propio futuro. Rut, una de ellas, no quiso romper el lazo que las unía y optó por cuidar a su suegra aunque el futuro se anunciaba desolado. El dolor de Noemí era tal que quiso cambiar su nombre a «Mara» que significa «amarga». ¡Cuán triste y amargo es ver cómo la familia que tanto amas y por la que hiciste muchos sacrificios ya no existe!

Esta historia sucedió en tiempos de los jueces de Israel cuando «cada uno hacía lo que le daba la gana» (Jueces 21:25, TLA). En esos tiempos difíciles, Rut optó por hacer lo correcto: amar desinteresadamente. Amar así nunca está fuera de época y lo que hizo evidencia la fe de Rut, quien confió en que «Jehová guarda a los extranjeros; al huérfano y a la viuda sostiene, […] hace habitar en familia a los desamparados» (Salmos 68:5; 146:9, RVR1995). Sí, Dios es fiel y proveyó para Noemí y Rut una familia suministrándoles un pariente redentor, quien se casó con Rut de modo que ellas puedan rescatar su herencia. De ese matrimonio nació un niño, un nieto legítimo de Noemí, al que llamaron Obed (que significa «el que sirve»).

La historia de Rut es una bella vislumbre del amor de Dios en Cristo, que es reflejado en la vida de los verdaderos creyentes, cuya fe les sostuvo y les sirvió de bendición. También es testimonio de cómo Dios obró para cumplir su promesa al salvaguardar la descendencia de la que provendría el Cristo, pues Obed fue el padre de Isaí y abuelo del rey David, antepasado de Jesús.

Así que, en Jesucristo, Dios nos sana y nos hace vivir de verdad.

Oración:

Señor, te doy gracias porque solo por tu amor desinteresado y por los méritos de tu Hijo Jesucristo tengo tu perdón y la vida eterna. Concédeme ser un reflejo de tu amor en Cristo hacia los demás tanto con mis palabras como en mi conducta todo el tiempo que me resta aquí en la tierra. Amén.

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