(Lectura de la Biblia en tres años: Marcos 10:35–11:14)

JESÚS ANUNCIA QUE PEDRO LE NEGARÁ TRES VECES

—Señor —insistió Pedro—, ¿por qué no puedo seguirte ahora? Por ti daré hasta la vida.

—¿Tú darás la vida por mí? ¡De veras te aseguro que antes de que cante el gallo, me negarás tres veces!

—Juan 13:37-38

El poeta romano Juvenal pensaba que el aforismo griego «Conócete a ti mismo» era un precepto que descendió del cielo. Aunque en la Biblia no existe tal precepto, el Señor sí ha dado la ley moral, es decir los diez mandamientos, como un espejo que sirva para mostrarnos que tenemos una naturaleza pecadora que nos impide ser declarados justos (Romanos 3:19-20; 7:7). Esta ley moral no solo fue dada en el monte Sinaí mediante Moisés, también fue escrita por Dios en los corazones de cada ser humano (Romanos 2:14-15).

Nuestra conciencia cumple un papel muy importante en relación con la ley moral escrita en nuestro corazón pues a través de ella sabemos si procedemos bien o mal. Esa conciencia nos acusa cuando hicimos lo malo. Sin embargo, debido a nuestra naturaleza pecadora heredada de Adán, tanto nuestra conciencia como la ley escrita en nuestros corazones han sido opacadas de tal manera que no percibimos claramente la diferencia entre lo realmente malo y lo realmente bueno, y, lo que es peor, no somos capaces de notar nuestras propias debilidades morales. Nuestra pecaminosidad original se manifiesta como un orgullo pecaminoso que nos hace pensar que somos muy buenos. Eso es lo que a Pedro le sucedía cuando le dijo a Jesús que incluso daría la vida por él.

Jesucristo, que conoce el corazón del hombre, le dijo la verdad para que, como por un espejo, Pedro pueda darse cuenta que no era tan confiable como lo creía; y que realmente necesitaba el auxilio divino para no caer en tentación. Jesús les había enseñado que aunque el espíritu humano esté dispuesto, la carne era débil y que necesitaban orar para no caer en tentación (Marcos 14:38) Incluso en la oración diaria que Cristo enseñó, conocida como Padre nuestro, él incluyó la petición «no nos dejes caer en tentación, mas líbranos del mal» Confiar en nuestra capacidad espiritual nos defraudará. Puesto que hemos negado a Cristo de muchas maneras, somos merecedores de toda la ira de Dios. Pero él vino para ser nuestro sustituto al obedecer perfectamente toda la ley moral en lugar de nosotros y al morir en lugar nuestro, pagando por todas la veces que pecamos contra ella. En gratitud vamos a querer confesar y no negar al Señor.

Oracion:

Señor Jesucristo, solo por tus méritos he sido perdonado de mis pecados y de mi orgullo pecaminoso, pues lo único que puedo hacer perfectamente es pecar. Gracias por tu gran amor y misericordia. Amén. 

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