HECHA EN VIERNES

[Cristo] quien me amó y dio su vida por mí. Gálatas 2:20

“No compre un vehículo hecho en viernes o en lunes”, decía alguien. Con eso sugería que el esmero de los trabajadores de automóviles no es tan bueno cuando se acerca el fin de semana o cuando acaba de pasar.

Yo no sé sobre trabajadores del automóvil, pero sí sé sobre Jesús. Él murió por pecadores como yo en un viernes. Y no hay nada de incompleto ni de imperfecto en su obra de salvación. Él dijo del pagó de los pecados: “todo está consumado”. Su sufrimiento cubrió totalmente cada pecado, porque él es el Hijo de Dios. Su sangre era sangre divina con el poder de pagar por todo pecado en todo tiempo. Como un supervisor de control de calidad que pone su firma en un vehículo, el Padre resucitó a su Hijo el domingo de Pascua. La salvación fue hecha, completa, perfecta. Es por eso que lo hemos etiquetado como “Viernes Santo”.

“Hecho en un Viernes” no significa mucho hasta que se convierte en “Hecho en un Viernes por mí”. Yo necesito más que saber sobre la muerte y la resurrección de Jesús; necesito creer que él me amó y se dio a sí mismo por mí. Necesito que el Dios de toda gracia envíe a su Santo Espíritu para obrar en mí. El Espíritu, por medio del poderoso mensaje de lo que hizo Jesús en ese primer Viernes Santo, tiene que obrar en mi corazón, tiene que sacar de raíz la incredulidad de mi corazón, reemplazarla con la fe en el Salvador, y convertir cada día en un Viernes Santo para mí. De ese modo puedo mirar la salvación de Jesús y decir: “Hecha en un Viernes, para mí”.

Oración:

Señor, te pido que me lleves a tu cruz y a tu pago en ella por todos mis pecados. Permite que esa cruz sea mi alegría en la vida y en la muerte. Amén.