¿CONOCE USTED A JEHOVÁ?

Después Moisés y Aarón entraron a la presencia del faraón, y le dijeron: —Jehová, el Dios de Israel, dice así: “Deja ir a mi pueblo para que me celebre una fiesta en el desierto”.

Pero el faraón respondió: —¿Quién es Jehová para que yo oiga su voz y deje ir a Israel? Yo no conozco a Jehová, ni tampoco dejaré ir a Israel.

– Éxodo 5:1-2 (RVR1995)

Conocer a Jehová es conocer a Dios. Pero en el contexto del pueblo de Israel conocer a alguien por nombre significaba conocerlo profundamente. Así cuando Abraham llevó a su hijo Isaac al monte para darlo en sacrifico, Dios ya tenía listo un animal para sustituirlo. Por esto Abraham llamó al lugar «Jehová Yireh» que significa «Jehová proveerá».

Aunque conocer a Jehová implica comprender el significado de ese nombre, también significa tener una buena relación con él. En el idioma que fue escrito el Pentateuco, el hebreo, las letras de la raíz hebrea para la expresión «yo soy» son las mismas letras que se usan en la palabra hebrea que se traduce «Jehová». Este nombre ya apareció en Génesis 2:4. Dios usó este nombre cuando se reveló a Abraham como el Dios del pacto, el Dios de gracia gratuita y fiel.

Así que el «Yo soy el que soy» era la manera en que Dios les decía a Moisés y a los israelitas que él era el mismo Dios del pacto que en gracia y misericordia los había escogido para que fueran su pueblo, el Dios que con seguridad iba a cumplir todas las promesas que les había hecho. Dios no ha cambiado y todavía ofrece su perdón gratuitamente a quienes están aterrorizados de saber que todos merecemos el infierno.

Jesucristo en su oración sacerdotal dijo: «Y ésta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien tú has enviado». Es solo por la doble sustitución que Jesucristo efectuó, obedeciendo perfectamente la voluntad del Padre en lugar de nosotros y muriendo en la cruz por nuestros pecados, que podemos vivir en una buena relación con Dios.

La obra de Jesucristo quita el obstáculo que impedía la relación del hombre con Dios. Ese obstáculo no es otra cosa que el pecado. Hemos heredado de Adán el pecado original que nos empuja a ser pecadores y así llegar a ser condenados al castigo eterno. Ahora libres de la condenación eterna, en gratitud vamos a querer adorar a Dios viviendo una vida santa y consagrada a él y a la tarea de predicar el evangelio a toda criatura, amando a Dios y a nuestro prójimo.

Oración:

Misericordioso Jehová, te doy gracias pues me salvaste de la condenación eterna por los méritos de tu Hijo Jesucristo. Abre mi boca para contar tus maravillas. Amén.

Meditaciones son presentadas por Publicaciones Multilingües-WELS y www.CristoPalabraDeVida.com.

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