(Lectura de la Biblia en tres años: Deuteronomio 29, Lucas 4:22–30)

DIOS NOS MANTIENE FIRMES

Él los mantendrá firmes hasta el fin, para que sean irreprochables en el día de nuestro Señor Jesucristo. Fiel es Dios, quien los ha llamado a tener comunión con su Hijo Jesucristo, nuestro Señor.

—1 Corintios 1:8–9

A lo largo de la historia de la iglesia encontramos muchos casos de personas que fueron parte de ella y que incluso trabajaron mucho apoyando en las diversas labores, pero que eventualmente abandonaron el camino de la fe. ¿Por qué Pablo puede estar seguro de que los Corintios serán firmes hasta el fin?

La gran mayoría de las personas que practican alguna fe, o alguna espiritualidad, coinciden en afirmar que estamos llamados a obrar el bien tanto en relación con lo divino como con nuestro entorno, principalmente con nuestros semejantes. También hay acuerdo en reconocer que el destino final de quienes obran con manifiesta maldad no es para nada deseable. Sin embargo hay una gran diferencia entre el propósito y causa de la práctica del bien entre lo que afirman la gran cantidad de creencias y lo que la Palabra de Dios dice al respecto.

Todas las creencias espirituales sostienen que el ser humano debe obrar lo bueno pues de lo contrario el mal lo perseguirá. Esto significa que la motivación que está detrás de las personas que practican las buenas obras es el miedo a las malas consecuencias de no hacerlas. En algunas agrupaciones las buenas obras que se hacen para lograr el favor de Dios consisten en acciones proactivas tales como ayudar a los pobres o realizar actos de penitencia tales como ayunos, vigilias de trasnoche, peregrinaciones, etc. En otras el asunto consiste en renunciar a las cosas que el grupo considera malas. En unos puede ser el no comer carne, o el evitar determinada forma de vestir, etc. Esto resulta en que el mérito de haber alcanzado la salvación recae sobre el ser humano. Ante la pregunta ¿Por qué piensas que irás a gozo y vida eterna? La respuesta más común es algo como: «Porque he ido a la iglesia»; «porque hago buenas obras»; «porque he recibido a Cristo»; «porque me he arrepentido». Tales respuestas muestran que tal persona confía en lo que su yo hizo, quitándole la gloria a Cristo. Una respuesta bíblica diría: «Porque Cristo obedeció perfectamente en lugar mío, y fue a la cruz a sufrir por mí el castigo que merezco. Por su gracia sus méritos me han sido atribuidos. Cuando nuestra confianza reposa en la obra de Cristo, y no en la nuestra, es evidente que Dios es quien nos mantiene firmes en ella.

Oración:

Señor, te doy gracias por Jesucristo, pues por sus méritos tengo tu perdón y el privilegio de servirte aunque soy imperfecto. Concédeme por tus medios de gracia amar de modo que te honre en gratitud a tu amor incondicional. Amén.

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