Y ahora permanecen la fe, la esperanza y el amor. Pero el más importante de todos es el amor (1 Corintios 13:13).

EL AMOR ES EL MÁS IMPORTANTE 

La gracia de Dios provee tantos dones que tendemos a no valorar la mayoría de ellos: piernas que pueden caminar, mentes que pueden recordar, ojos que pueden ver, manos que pueden ayudar. Él nos cuida a diario proporcionándonos padres que nos aman, casas que nos resguardan, alimentos que nos nutren y protección del peligro que nos rodea. Incluso mayores bendiciones que todas estas son los dones espirituales de la fe, la esperanza y el amor.

La fe es la mano que se aferra a Cristo Jesús como el Hijo de Dios y lo acepta como el Salvador del pecado. La fe es el don más precioso del Espíritu. “Ciertamente la gracia de Dios los ha salvado por medio de la fe. Ésta no nació de ustedes, sino que es un don de Dios” (Efesios 2:8). La fe es el fundamento de nuestras esperanzas y la prueba de lo que no podemos todavía ver en persona, como leemos en el capítulo 11 de Hebreos.

La esperanza es el segundo de tres dones muy especiales de esta lista. La esperanza es la expectativa de la salvación eterna en Cristo. Nuestras esperanzas se basan totalmente en la sangre y la justicia de Jesús. Pablo escribió a los tesalonicenses, diciendo: “Que nuestro Señor Jesucristo mismo, y nuestro Dios y Padre, que nos amó y nos dio consuelo eterno y buena esperanza por gracia, les infunda ánimo en el corazón y los confirme en toda buena palabra y obra” (2 Tesalonicenses 2:16,17).

“Y ahora permanecen la fe, la esperanza y el amor”. El amor completa este triángulo de la gracia de Dios. En las devociones de los últimos días, se nos ha mostrado el precioso don que poseemos en el amor que Dios nos ha mostrado en Cristo. Es amor que de ninguna manera hemos merecido, amor más allá de nuestro entendimiento, que lo llevó a su muerte propiciatoria. Ese amor hace que seamos de Dios. Y ese amor alcanza su plenitud en el cielo; es un amor que dura para siempre.

“Pero el más importante de todos es el amor”, concluye Pablo. El amor es el pináculo más alto en este triángulo de gracia. En este mundo los tres permanecen con nosotros: la fe, la esperanza y el amor. Todos ellos tienen que ver con la salvación invalorable de nuestras almas. Pero el amor está por encima de los otros dones; el más importante de todos es el amor. ¿Por qué? En el día del juicio de Dios, la fe y la esperanza ya no serán necesarias. Veremos a Dios con nuestros propios ojos. Pero el amor seguirá, más fuerte que nunca. El amor de Dios en Cristo, que nos llevó a unirnos con Dios, conservará esa unión para siempre.

“Y ahora permanezcan en la fe, la esperanza y el amor. Pero el más importante de todos es el amor”.

Oración:

Oh Señor, que tu amor renueve mi esperanza, en el nombre de Jesús. Amén.

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