JESUCRISTO, EL MEDIADOR

[Dios] quiere que todos sean salvos y lleguen a conocer la verdad. Porque hay un solo Dios y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre, quien dio su vida como rescate por todos. Este testimonio Dios lo ha dado a su debido tiempo.

– 1 Timoteo 2:4-5

En un antiguo cementerio de mi ciudad se encuentra un hermoso mausoleo de mármol que perteneció a una familia de mi país que fue muy rica. Digo «fue» por ya no lo es. El dueño que mandó construir ese mausoleo llegó a tener tantas riquezas que incluso pudo regalarlas, pues, encontró la veta de oro más grande de ese tiempo. Sin embargo, cien años más tarde, sus descendientes no pudieron pagar el mantenimiento del mausoleo y éste pasó a ser propiedad de la ciudad. Ninguna riqueza del ser humano permanece.

Pero las riquezas eternas sí permanecen para siempre. Ellas son más valiosas que todo el oro, los diamantes y piedras preciosas del universo entero. Una de esas riquezas invaluables es la sangre derramada de Jesucristo. Con esa sangre Jesucristo pagó el precio de rescate para eliminar el obstáculo que nos separaba de Dios. Ese obstáculo es el pecado. El costo para eliminar el obstáculo era tan grande que el Salmista escribió: «Nadie puede salvar a nadie, ni pagarle a Dios rescate por la vida. Tal rescate es muy costoso; ningún pago es suficiente.» (Salmo 49:6-8) Con riquezas terrenales se puede comprar buena atención médica, pero no la vida eterna. Se puede comprar elegantes trajes, pero no el traje de fiesta para entrar a las bodas del Cordero. Se puede comprar el aprecio, la distinción y el elogio de los demás, pero no el perdón divino. Alcanzar la gloria eterna solo es posible por los méritos de Jesucristo: su obediencia activa y pasiva en sustitución por nosotros.

El apóstol Pedro nos dice: «Como bien saben, ustedes fueron rescatados de la vida absurda que heredaron de sus antepasados. El precio de su rescate no se pagó con cosas perecederas, como el oro o la plata, sino con la preciosa sangre de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin defecto. Cristo, a quien Dios escogió antes de la creación del mundo, se ha manifestado en estos últimos tiempos en beneficio de ustedes. Por medio de él ustedes creen en Dios, que lo resucitó y glorificó, de modo que su fe y su esperanza están puestas en Dios» (1 Pedro 1:18-21).

No hay otro mediador ni otro Salvador aparte de Cristo; solo él derramó su sangre pagando nuestro rescate. Él, que vivió como un ser humano, pagó por todos y quiere que todos sean salvos.

Oración:

Señor, perdóname porque no he apreciado perfectamente el rescate que efectuaste para salvarme. Gracias te doy porque con tu vida me rescataste de la condenación eterna. Amén.