EL AMOR DE DIOS POR ISRAEL

Desde que Israel era niño, yo lo amé; de Egipto llamé a mi hijo.

Pero cuanto más lo llamaba, más se alejaba de mí. Ofrecía sacrificios a sus falsos dioses y quemaba incienso a las imágenes.

—Oseas 11:1-2

Cuando Dios creó al ser humano lo dotó de razón, emoción y voluntad perfectas. Lo hizo con una mente y razón que le permitía conocer a Dios. Su emoción, o corazón, amaba a Dios. Su voluntad podía elegir andar en la voluntad de Dios. Después de la Caída, la razón humana quedó dañada por el pecado y ya no puede entender las cosas espirituales, pues le son locura (1 Corintios 2:14). La emoción o corazón del hombre, en lugar de amar a Dios ama el pecado y la vanidad. La voluntad humana quedó esclava del pecado y resiste a la voluntad divina. El pecado dañó también el significado del amor. Así, hoy se llama amor a la pasión egoísta o a la obsesión que alguien tiene por algo.

Para ilustrarnos en el auténtico significado del amor divino y de la relación que Dios quiere con su pueblo, el Señor usa comparaciones que involucran fuertes lazos emocionales. Por ejemplo, compara a su pueblo con una esposa o una novia. En el pasaje que hoy meditamos usa la relación filial que tienen los progenitores por sus hijos para ilustrar el amor que él tiene por su pueblo. Jehová nos permite mirar directamente en su corazón, para experimentar sus sentimientos por su hijo Israel. En el tierno lenguaje de un padre que recuerda la infancia de su hijo, Dios medita en la manera en que Él amó a su pueblo durante sus primeros años como nación. Preservó a Israel, su hijo del Antiguo Testamento, de morir por hambre, por medio de la huida a Egipto en el tiempo de José, el hijo de Jacob. Pero allí quedaron esclavos del Faraón. Mediante el profeta Moisés los sacó de la esclavitud en Egipto para ir a la tierra que Él preparó para ellos. Los trajo de regreso a la tierra prometida para llevar a cabo su plan de salvación.

El Nuevo Testamento nos dice que Oseas 11:1 se cumplió en la vida de Jesús (Mateo 2:15). Israel era un tipo o figura de Cristo. «Cuando se cumplió el plazo» de Dios (Gálatas 4:4), Él guió a José y María a Egipto para proteger a su unigénito Hijo encarnado, de las manos del homicida rey Herodes. Después de la muerte de Herodes, el Padre llamó a su Hijo de regreso de Egipto para que: viviera una vida justa, sufriera injustamente, muriera vicariamente, y resucitara victoriosamente, para nuestra redención. Gracias y toda la gloria sean dadas a Él.

Oración:

Señor, que enviaste a tu unigénito como sustituto nuestro, para obedecer perfectamente tu ley moral, y para que en la cruz sufra toda tu ira padeciendo el castigo eterno que merecemos por nuestros pecados; te suplico: Por los méritos de Cristo, aparta tu rostro de mis pecados y borra toda mi maldad. Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio, y renueva la firmeza de mi espíritu. Amén.

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