EL ESPÍRITU SANTO Y LAS IGLESIAS VISIBLES

Si tu hermano peca contra ti, ve a solas con él y hazle ver su falta. Si te hace caso, has ganado a tu hermano. Pero si no, lleva contigo a uno o dos más, para que “todo asunto se resuelva mediante el testimonio de dos o tres testigos”. Si se niega a hacerles caso a ellos, díselo a la iglesia; y si incluso a la iglesia no le hace caso, trátalo como si fuera un incrédulo o un renegado. Les aseguro que todo lo que ustedes aten en la tierra quedará atado en el cielo, y todo lo que desaten en la tierra quedará desatado en el cielo.

– Mateo 18.15-18

Muchas personas se imaginan que los cristianos procuramos vivir santamente solo el día que celebramos la adoración a Dios. Es verdad que, al ser descendencia de Adán, nuestra vieja naturaleza nos empuja al pecado diariamente. Pero, en gratitud por la redención nuestra lucha contra el pecado es diaria. Aún así no faltan ocasiones en que el pecado nos enceguece. Pero es entonces cuando otro santo viene a reprendernos, y en el caso de persistencia terca de parte nuestra en seguir impenitentes, toda la iglesia visible, de la que somos parte, nos reprenderá o finalmente, nos excomulgará si el caso lo requiere. Jesucristo dispuso este proceder por amor a nosotros a fin de que tengamos oportunidad de arrepentirnos antes del último día de nuestra vida. Él es quien otorga este poder y esta responsabilidad a las iglesias visibles. Sin embargo, es el Espíritu Santo quien está directamente involucrado con la labor de las iglesias visibles a través de los medios de gracia.

Martín Lutero explicando el Credo Apostólico escribió: «Así, pues, aprende a entender este artículo de la manera más clara posible. Si se pregunta: ¿Qué quieres decir con las palabras: “Creo en el Espíritu Santo”?, puedes responder: “Creo que el Espíritu Santo me santifica, como su nombre ya indica”. Pero, ¿con qué realiza el Espíritu Santo dicha santificación o cuál es su manera y de qué medios se sirve? Respuesta: “Por medio de la iglesia cristiana, la remisión de los pecados, la resurrección de la carne y la vida eterna.” El Espíritu Santo dispone, ante todo, de una comunidad especial en este mundo, que es la madre, pues ella engendra y mantiene a todo cristiano mediante la palabra de Dios que él mismo revela y enseña, iluminando y encendiendo así los corazones, a fin de que la capten y la acepten, se acojan a ella y en ella permanezcan».

Oración:

Señor, gracias te doy por la iglesia, pues en ella tu Espíritu Santo me ha engendrado de tu Palabra haciéndome una nueva criatura, y por los medios de gracia que ella administra soy fortalecido y guardado en la verdadera fe para la vida eterna. Amén.