CONSECUENCIAS DE VIVIR POR LA PAZ

«No crean que yo he venido a traer paz al mundo; no he venido a traer paz, sino guerra. He venido a poner al hombre contra su padre, a la hija contra su madre y a la nuera contra su suegra; de modo que los enemigos de cada cual serán sus propios parientes.»

– Mateo 10:34

¡La Biblia está llena de contradicciones!, afirman quienes no quieren creer en ella. Sin embargo, ¿acaso no es una evidente contradicción el versículo de la meditación de hoy? Parece contradictorio que el «Príncipe de Paz» que predicó el mensaje de paz haya dicho las palabras del versículo para hoy. La respuesta es que no hay contradicción, pero sí se trata de una paradoja. Paradoja es un hecho o expresión aparentemente contraria a la lógica. La Biblia tiene muchas paradojas y ésta es una de ellas. Prestando atención al contexto, será fácil comprender la paradoja.

Jesucristo vino a traer la paz espiritual a la humanidad al dar su vida (obediencia activa y pasiva de acuerdo al propósito redentor de Dios) para ponernos a cuentas con Dios. La noche de su nacimiento los ángeles les anunciaron a los pastores: «¡Paz en la tierra entre los hombres que gozan de su favor!» (Lucas 2:14). Jesús, el Príncipe de paz, vino a establecer la paz entre Dios y la humanidad pecadora. Él nos reconcilió con Dios ofreciéndose como el sacrificio perfecto para expiar todos los pecados.

Sin embargo, el mal se opone a la obra de Cristo y, en su rebelión, genera guerra contra Cristo, el Príncipe de Paz, y contra sus seguidores, quienes trabajan por la paz. La mayoría de la gente de este mundo prefiere pensar que puede hacer lo necesario para establecer su propia paz con Dios y se ofende con alguien que le diga algo diferente. Por eso, una consecuencia de la venida de Jesús no es paz, sino espada. Estas palabras no son una provocación al mal, sino una advertencia a los cristianos de los sufrimientos que enfrentarán por causa de Cristo al ser mensajeros de la paz de Dios. San Pablo también advirtió que tales sufrimientos vendrían contra los creyentes: «Así mismo serán perseguidos todos los que quieran llevar una vida piadosa en Cristo Jesús» (2 Timoteo 3:12).

Como hijos de Dios que aman la paz, procuramos la paz con todos. Pero estamos conscientes que el mal pelea contra nosotros. Puesto que Cristo es nuestro doble sustituto, en gratitud queremos armarnos del mismo pensamiento que él tuvo frente a la aflicción: «Puesto que Cristo ha padecido por nosotros en la carne, vosotros también armaos del mismo pensamiento; pues quien ha padecido en la carne, terminó con el pecado» (1 Pedro 4:1).

Oración:

Señor, te suplico que me concedas ánimo dispuesto a padecer como cristiano de manera que, al venir la aflicción, tu paz me sostenga firme. Amén.