A LA SOMBRA DEL OMNIPOTENTE 

Los que viven al amparo del Altísimo encontrarán descanso a la sombra del Todopoderoso. 

Declaro lo siguiente acerca del SEÑOR: Sólo él es mi refugio, mi lugar seguro; él es mi Dios y en él confío. 

 —Salmo 91:1–2, Nueva Traducción Viviente (NTV). 

Es natural que el pánico se apodere de nosotros ante situaciones de gran peligro. Como cuando los israelitas se espantaron al ver que Faraón les alcanzó a orillas del mar rojo. Lo mismo experimentaron los apóstoles viendo que la tormenta amenazaba con hundir su barca. (Éxodo 14:1–30; Marcos 4:35–41) Sin embargo, más tarde los israelitas enfrentaron valientemente a sus enemigos en el desierto y los apóstoles enfrentaron con valor el peligro de la persecución. (Números 21:21–25; Hechos 5:40–41) ¿Qué sucedió para que se efectuara un cambio de esa magnitud en ellos? 

 

Por nuestra naturaleza pecadora que hemos heredado de nuestros primeros padres somos rebeldes a la palabra de Dios y no queremos saber nada de él. También hemos heredado el temor, el pánico, la desconfianza e inseguridad. Dudamos que Dios nos ame y esté interesado en nuestro bien y desconfiamos de su palabra. Adán y Eva tuvieron miedo y se sintieron desprotegidos después de la Caída. Cuando no somos creyentes somos parte del reino de las tinieblas, un reino de terror. Cuando por la misericordia de Dios nacemos de nuevo por el poder del evangelio, entonces somos trasladados al reino de Jesucristo (Colosenses 1:13) Allí somos protegidos por la mano amorosa de Dios. Puesto que andamos por fe y no por vista, la fe se constituye en nuestra vista espiritual mediante la cual percibimos la protección divina. La fe siempre mueve a confesar lo que percibe. Los versículos del salmo 91 que hoy meditamos son una confesión de fe, un credo que exalta la fidelidad protectora de Dios. Dios quiere que confiemos plenamente en él (Salmos 37:5). Por no confiar en él perfectamente (ninguno lo hace así) merecemos toda la ira de Dios (Jeremías 17:5). Para salvarnos de la condenación que merecemos, Jesucristo confió en Dios perfectamente y fue a la cruz para sufrir esa ira en lugar de nosotros. Nosotros, en gratitud vamos a querer depositar toda nuestra confianza en Dios y para ello vamos a querer alimentar y fortalecer nuestra fe mediante los medios de Gracia: el evangelio en palabra y sacramento (el bautismo y la cena del Señor). Por esto quienes se congregan allí donde los medios de gracia son administrados correctamente, de acuerdo con el evangelio, pueden decir las palabras del Salmo 91 seguros de que no están equivocados.  

Oración:

Misericordioso Señor te doy gracias pues me salvaste de la condenación eterna por los méritos de tu Hijo Jesucristo y suministraste tus medios de Gracia a fin de que mi fe sea fortalecida y así disfrute de tu mano protectora. Abre mi boca para contar tus maravillas. Amén 

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Meditaciones son presentadas por Publicaciones Multilingües-WELS y www.CristoPalabraDeVida.com.

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