LAS DIEZ PLAGAS DE EGIPTO

Luego Jehová dijo a Moisés: —Levántate de mañana, ponte delante del faraón y dile: “Jehová, el Dios de los hebreos, dice así: Deja ir a mi pueblo, para que me sirva, porque yo enviaré esta vez todas mis plagas sobre tu corazón, sobre tus siervos y sobre tu pueblo, para que entiendas que no hay otro como yo en toda la tierra.”

– Éxodo 9:13-14 (RVR1995)

«Sobre llovido, mojado» decimos cuando una desgracia viene tras otra. Algo parecido sucedía en Egipto a causa del endurecimiento del corazón del Faraón. Dios envió un total de diez plagas sobre la tierra de Egipto antes de que los israelitas salgan finalmente del país donde fueron esclavos. Cada plaga de una manera u otra atacaba un dios egipcio. La primera plaga convirtió el agua del río Nilo en sangre. Los egipcios recibían muchos beneficios del río Nilo y por eso le adoraban como si fuera un dios en lugar de adorar al creador del Nilo. Cuando el agua del Nilo se volvió sangre, los peces, que eran el alimento principal en Egipto, murieron (Números 11:5).

Las diez plagas no solo fueron grandes juicios de Dios contra Egipto. Tenían un claro propósito que es expresado por Dios mismo: «Y sabrán los egipcios que yo soy Jehová, cuando extienda mi mano sobre Egipto y saque a los hijos de Israel de en medio de ellos» (Éxodo 7:5, RVR1995). Para Egipto estas plagas fueron señales del juicio de Dios. Por esto muchos egipcios reconocieron que el Dios de Israel era el verdadero Dios, incluso los magos que resistieron a Moisés tuvieron que admitir que las plagas y señales no eran simple magia, sino que se trataba del «dedo de Dios». Pero para Israel esto significaba redención, el rescate con el que Dios los sacó de la esclavitud egipcia a la libertad como pueblo de Dios.

En el último día Jesucristo retornará para juzgar al mundo entero. Para una gran parte de la humanidad su retorno será mala noticia pues serán enviados al fuego del infierno, donde padecerán toda la ira de Dios por la eternidad. Pero para el pueblo de Dios, ese retorno será una buena noticia, pues serán enviados a la dicha eterna en el cielo donde disfrutarán del amor eterno de Dios. Los que serán condenados al infierno lamentarán haber rechazado la salvación que les fuera ofrecida gratuitamente y que costó a Dios el sacrificio de su Hijo.

Por otra parte, los que van al cielo no obedecieron perfectamente la voluntad de Dios expresada en los Diez Mandamientos, y por tanto no merecían ir. Pero van, porque Cristo obedeció perfectamente la ley moral en lugar de todos los pecadores y murió en la cruz pagando el castigo por los pecados de ellos. Dios los recibe porque los méritos de Cristo les fueron acreditados a los creyentes.

Oración:

Jehová, único Dios verdadero, Señor mío, me concediste gratuitamente la salvación y me diste la fe que necesitaba para confiar en ti y ser declarado justo. Por eso te doy gracias. Amén.

Meditaciones son presentadas por Publicaciones Multilingües-WELS y www.CristoPalabraDeVida.com.

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