EL HUÉSPED CELESTIAL ESTÁ EN LA PUERTA, ¿CÓMO LE SERVIRÉ?

Para que le sirviéramos con santidad y justicia, viviendo en su presencia todos nuestros días. Lucas 1:74,75

¿Alguna vez ha notado que hay muy pocas luces moradas de Navidad? Tenemos en abundancia luces verdes, rojas, amarillas y azules, pero no tenemos muchas luces moradas. Algunos lo explican diciendo que el vidrio morado interfiere las ondas de luz, y el resultado es que atenúa el brillo. Y, desde luego, queremos que las luces de Navidad brillen intensamente.

¿No es eso lo que nos dice Zacarías en nuestro versículo? Nos recuerda que el Salvador vino “para que le sirviéramos con santidad y justicia, viviendo en su presencia todos nuestros días”. Los cristianos son como las luces de Navidad, que resplandecen con gran brillo mucho después de que pasa otra Navidad. Como creyente en Cristo, he de brillar, no porque sea forzado a hacerlo, sino porque, agradecido por el amor de Cristo, quiero brillar. Esa es la naturaleza misma de todos los que están conectados a la Luz del mundo, para brillar con su luz. Y no hay interruptor que me apague para que brille solo de vez en cuando. “Todos nuestro días”, dijo Zacarías. Su hijo, Juan el Bautista hizo exactamente eso; utilizó sus días para brillar de una manera especial, preparando a las personas para la venida de Cristo.

En muy pocos días, habrá venido una vez más la Feliz Navidad. Y, ¿después, qué? ¿El fervor especial de mi fe y el celo especial por mi Salvador van a comenzar a parpadear? ¿Será volver a la vida de siempre? ¿Volver a brillar de vez en cuando, con la luz que Cristo me ha traído? ¿O voy a brillar en la noche oscura de este mundo, para que otros puedan ver la Luz que vino del cielo en la Navidad?

Oración:

Huésped celestial, te doy gracias por la luz de la salvación; te pido que me ayudes a brillar junto a otros con esa luz. Amén.