ALGO MÁS PRIORITARIO QUE EL ALMUERZO

—Mi alimento es hacer la voluntad del que me envió y terminar su obra —les dijo Jesús.

– Juan 4:34

Cuando dijo estas palabras, Jesucristo viajaba a Galilea retornando de Judea. Entre ambas provincias estaba Samaria. Los viajeros judíos evitaban pasar por el territorio de Samaria; pues, despreciaban a los samaritanos. Pero Jesús deliberadamente entró en Samaria y se sentó junto a un pozo mientras sus discípulos fueron a conseguir comida. Allí entabló conversación con una samaritana a quien predicó el evangelio. Cuando sus discípulos llegaron con la comida, le insistieron que comiera algo. Entonces Jesús le respondió: «Mi alimento es hacer la voluntad del que me envió y terminar su obra».

La voluntad de Dios es que el evangelio sea predicado a todas las personas (Marcos 16:15). Encargó esta tarea a la iglesia en general y a cada creyente en particular. Todos hemos sido llamados por Dios para hablar las buenas noticias. Dios ha mandado amarle a él sobre todas las cosas con todo nuestro ser, y amar a nuestro prójimo como a nosotros mismos. También mandó que prediquemos el evangelio. Jesús estaba tan comprometido con esta misión que la consideró más importante que comer. Nosotros fallamos en obedecer la gran comisión y eso es un pecado. El apóstol Pablo consciente de esto dijo: «¡Ay de mí si no predico el evangelio!» (1 Corintios 9:16).

Cuando Cristo puso en primer lugar a Dios y su voluntad de que se predique el evangelio, lo hizo perfectamente en lugar nuestro. Jesucristo sufrió la muerte de cruz castigado como si no hubiera predicado porque era nuestro sustituto. Dios ya no nos atribuye ese pecado. Nosotros, cristianos salvados de las llamas eternas del infierno por los méritos de Cristo, en gratitud vamos a querer estar comprometidos con la predicación del evangelio, no solo compartiendo las buenas noticias con nuestra familia, vecinos y compañeros de estudio y trabajo, sino también vamos a querer apoyar los esfuerzos misioneros para predicar las buenas noticias fuera de nuestras fronteras. Nuestro alimento es el evangelio, y lo queremos compartir con otros.

Oración:

Espíritu Santo, te suplico que abras mis labios para que pueda hablar tu evangelio y mi corazón para que contribuya generosamente a las misiones. Amén.