(Lectura de la Biblia en tres años: Deuteronomio 30, Lucas 4:31–37)

EL CORDERO DE DIOS

Al día siguiente Juan vio a Jesús que se acercaba a él, y dijo: «¡Aquí tienen al Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo! De éste hablaba yo cuando dije: “Después de mí viene un hombre que es superior a mí, porque existía antes que yo.”

—Juan 1:29–30

¿Cree usted que Jesucristo es el hombre más grande la historia? ¿Lo es?

Jesucristo muchas veces se ha referido a sí mismo como el hijo del hombre. En términos sencillos, con esas palabras estaba afirmando que él era un ser humano. Sí, la Biblia enseña que Jesucristo fue cien por ciento humano. Tan humano como cualquiera de nosotros, excepto que nunca pecó. En nuestro lenguaje de cada día solemos usar el término humano como sinónimo de imperfecto. Por ejemplo: «fulano se equivocó, es humano», o «errar es humano». Pero la imperfección no es parte de nuestra esencia. Dios no creó al ser humano imperfecto. Es la caída, el pecado que heredamos de Adán y Eva lo que nos constituye imperfectos y pecadores. Cristo fue igual de humano que nosotros y aunque no tuvo naturaleza pecadora él vino «en semejanza de carne de pecado» (Romanos 8:2). Al asumir la naturaleza humana, Cristo se sujetó a todas las limitaciones propias de nuestra naturaleza, es decir, que se cansaba, tenía sed, hambre o sueño tal como nosotros. Por su naturaleza humana podía ser nuestro redentor. Pero Cristo no comenzó a existir desde el día de su concepción en el vientre de la virgen María. Él existió siempre como Dios. Por esto Juan testimonia que Cristo es antes que Juan. Solo Dios podía pagar nuestra deuda padeciendo el castigo eterno en la cruz (Salmos 49:7,8). Sí, solo Cristo pudo ser el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo. En gratitud vamos a querer apreciar su sacrificio por nosotros participando de su cuerpo y sangre entregada para perdón de nuestros pecados.

Oración:
Digno eres, Señor y Dios nuestro, de recibir la gloria, la honra y el poder, porque tú creaste todas las cosas; por tu voluntad existen y fueron creadas. Digno eres, Señor Cordero de Dios, porque fuiste sacrificado, y con tu sangre compraste para Dios gente de toda raza, lengua, pueblo y nación, y junto con ellos me compraste a mí. Gracias porque, aunque merezco el infierno, me regalas el cielo. Amén.

www.cristopalabradevida.com/

Meditaciones son presentadas por Publicaciones Multilingües-WELS y www.CristoPalabraDeVida.com.

Esta obra está bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivadas 4.0 Internacional.

Todas las citas bíblicas, a menos que se indique lo contrario, están tomadas de La Santa Biblia, Nueva Versión Internacional®, NVI®. Copyright © 1986, 1999, 2015 por Biblica, Inc. ™ Todos los derechos reservados en todo el mundo.