AMOR DE PURA GRACIA

Yo sanaré sus apostasías; los amaré de pura gracia: porque mi ira se ha apartado ya de ellos.

Yo seré como el rocío a Israel; echará flores como el lirio, y ahondará sus raíces como cedro del Líbano.

—Oseas 14:4-5, Versión Moderna

Cuando era niño mis padres tenían un televisor grande que funcionaba con bujías (parecidas a los focos incandescentes) que solían recalentarse y finalmente quemarse. El repuesto era costoso y nos quedamos sin televisor. Mis padres me prometieron que comprarían un moderno televisor a transistores con la condición que mis notas escolares sean altas. Me esforcé mucho para cumplir mi parte y pienso que ellos también, pues, pasados seis meses, en casa habían dos televisores, uno exclusivamente para mí. Dios, en su Palabra, tiene promesas condicionales en la parte de la Escritura que llamamos ley. Pero también tiene promesas incondicionales, que hace por gracia, a las que llamamos evangelio.

En el pasaje que hoy meditamos Jehová da a Israel una promesa incondicional de nueva vida espiritual, absolutamente regalo suyo. Él sanará las «apostasías» de Israel. Apostasía significa el «apartarse, abandono, deserción, rechazo» a Él. Dios promete sanar la apostasía apartando su ira que es contra el pecador y a amarlos de pura gracia. Semeja su amor al rocío que cae en Israel. En la tierra de Israel llueve poco de abril a octubre y si no fuera por la abundancia del rocío, las plantas se secarían al final del verano. Como el rocío conserva la vegetación de aquella región, Dios, por causa de su misericordioso favor, crea y nutre la vida espiritual de su pueblo. El amor de pura gracia de Dios es fructífero, productivo como el lirio (una sola raíz puede producir hasta cincuenta bulbos) La gratitud que nace de ese amor tiene profundas raíces (como la de los cedros del Líbano—¡firmes!—) en el evangelio: Los méritos de la obediencia activa y pasiva de nuestro sustituto.

La promesa que Dios hace aquí se cumplió en el Nuevo Pacto. La ira de Dios se apartó porque Cristo la padeció en la cruz mientras decía: «¿Por qué me has desamparado?». En gratitud, el Israel de Dios (judíos y gentiles justificados por la sola fe en los méritos de Cristo) llevan el fruto del cual habló el Señor (Juan 15:5).

Oración:

Espíritu Santo, te suplico abras mis labios para que pueda hablar y dar a conocer con denuedo y convicción lo que exige la ley moral y cuáles son las consecuencias del pecado. También, cuando las personas muestren contrición, pueda yo presentarles a Cristo como evangelio: la buena noticia que significa que Él es nuestro doble sustituto, al haber obedecido perfectamente en lugar de nosotros y al haber padecido en la cruz la ira eterna que nosotros merecíamos padecer. Hazme un corazón generoso que quiera contribuir a las misiones mundiales. Amén

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