EL PODER DEL EVANGELIO

A la verdad, no me avergüenzo del evangelio, pues es poder de Dios para la salvación de todos los que creen: de los judíos primeramente, pero también de los gentiles.

– Romanos 1:16

Evangelio significa buena noticia. Nuestra vida, desde que nacemos, no carece de malas noticias. En realidad, necesitamos buenas noticias y estas son las que escasean. Saber que Dios existe y que exige perfección a gente que no es perfecta. Saber que por mis pecados Dios está enojado conmigo y que su ira me condena al castigo eterno del infierno ciertamente es mala noticia. Mas hay buena noticia para consolarnos: Cristo hizo todo lo necesario para la salvación de la humanidad.

Él se encarnó en el vientre de la Virgen María y nació de ella como un bebé cien por ciento humano para estar sujeto a la ley moral de Dios desde el primer momento. Lo hizo para cumplir perfectamente esa ley en lugar de nosotros. Vivió santamente y en esa condición fue crucificado como un Cordero sin mancha en el altar de la cruz.  Allí ofreció su vida en sacrificio para ganar el perdón de nuestros pecados. Padeció la ira de Dios en lugar de nosotros. Así fue nuestro doble sustituto. Esa es la mejor buena noticia que alguien pueda escuchar alguna vez. Pero no solo es una buena noticia. La Biblia dice que esta noticia es poderosa. ¿En qué sentido es poderosa?

Para que una persona pueda beneficiarse de la buena noticia necesita fe. Pero el corazón del ser humano es incrédulo a Dios por naturaleza. No queremos ni podemos creer por nosotros mismos. Por eso Dios ha insertado en el evangelio la fe salvadora. El evangelio tiene el poder de crear fe en el incrédulo corazón humano (Romanos 10:17). Jesucristo ilustra esta verdad espiritual en la parábola del sembrador. Él compara la predicación del evangelio con la obra de sembrar. La semilla es la palabra del evangelio sembrada en el corazón humano y el fruto es la fe. Por esto San Pablo dice que la fe salvadora es un don de Dios.

Necesitamos el evangelio continuamente porque puede darnos fe y puede hacer crecer la fe que ya tenemos. Si los sermones que escuchamos predican el evangelio puro creceremos en fe. Hay otra noticia buena para nosotros. Cristo instituyó la Cena del Señor y el bautismo «para perdón de pecados» (Mateo 26:26; Hechos 2:34). Por esto los llamamos evangelio visible. Sí Dios usa el bautismo y la Cena del Señor para darnos el perdón de pecados que Jesús ganó con su sangre. En gratitud voy a querer crecer en la fe apreciando el evangelio tanto cuando es predicado en un sermón como cuando es ofrecido en el bautismo y la Santa Cena.

Oración:

Cordero de Dios que quitas el pecado del mundo, gracias te doy por ser mi doble sustituto pues por tus méritos tengo la vida eterna que no merezco. Dios me ha declarado justo por tu justicia atribuida a mi cuenta y me diste fe para poder beneficiarme de tu perdón. Todo te lo debo a ti. En gratitud quiero servirte y mantenerme en la verdadera fe para la vida eterna. Por tus medios de gracia sé que puedo hacerlo cuando tu evangelio me fortalece en la fe. Amén.