“Que la gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios, y la comunión del Espíritu Santo sean con todos ustedes. Amén” (2 Corintios 13:14)

UNIDOS POR LA BENDICIÓN DE LA GRACIA 

Solemos pasar el tiempo con las personas que comparten nuestros intereses e ideas. Sentimos una relación y una cercanía con aquellos que piensan y actúan de la misma manera que nosotros. Lo mismo sucede con aquellos que siguen los mismos equipos deportivos o pertenecen a la misma iglesia; en cada caso los une una causa común.

¿Cómo estamos unidos con Dios? Estamos unidos mediante la bendición de la gracia de Dios. Pablo nos recuerda esas bendiciones al final de su bendición.

En vez de estar unidos con Dios, una vez estuvimos separados de él. El pecado hace eso; nuestro pecado lo hizo. Arruinó totalmente la relación que teníamos con Dios. Pero Dios hizo algo con respecto a nuestra relación arruinada con él. Envió a Jesús. Y Jesús, cuyo nombre significa “salvador”, estuvo a la altura de su nombre. Nos salvó. Él es quien Dios prometió que vendría a tomar nuestro lugar. Jesús llevó una vida perfecta por nosotros, cargó nuestros pecados sobre él y murió por nosotros en la cruz. Su resurrección tres días después nos asegura que logró el milagro más asombroso. Nos volvió a unir con Dios.

Esta es una ilustración perfecta de la gracia de Dios: su inmerecido amor por nosotros en Cristo. En realidad, Dios nos otorgó exactamente lo opuesto de lo que merecemos. En lugar del infierno, tenemos el cielo. En vez de la muerte eterna, tenemos la vida eterna. Pablo habló antes de esas riquezas en esta misma carta a los corintios. Resumió la obra de Jesús de esta manera: “Ustedes ya conocen la gracia de nuestro Señor Jesucristo que, por amor a ustedes, siendo rico se hizo pobre, para que con su pobreza ustedes fueran enriquecidos” (8:9). Por medio de Cristo somos ricos. Dios nos ha perdonado nuestros pecados, quitado nuestra culpa y nos ha dado tesoros celestiales en un hogar eterno.

Mientras se termina nuestro tiempo en esta tierra, Jesús reina sobre nosotros. No reina sobre nosotros como un dictador cruel o un tirano despiadado, haciendo demandas irrazonables y pedidos injustos. Controla con amor todas las cosas por nosotros y por nuestro bien. No tenemos por qué preocuparnos, debido a su gracia.

Qué maravillosa bendición es el don de la gracia de Dios, que nos une con Dios y unos con otros. ¡Que la gracia del Señor Jesucristo esté con todos nosotros!

Oración:

Señor Jesucristo, te agradecemos porque nos amas y diste tu vida por nosotros. Te alabamos porque nos has rescatado del diablo y nos has hecho tuyos. Amén.

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