USTED NO PUEDE PERDER

Así pues, sea que vivamos o que muramos, del Señor somos. Romanos 14:8

“Tú no puedes perder”, le dijo un pastor a un cristiano que iba a ser sometido a una cirugía muy delicada. “O el Señor bendecirá la cirugía para que puedas vivir para él un poco más de tiempo, o te va a llevar a vivir con él en el cielo”.

En el mejor de los casos, la vida es incierta. Cuando salgo por la mañana a trabajar, nadie sabe si voy a regresar en la noche. Cuando pongo mi cabeza en la almohada, nadie sabe si me voy a levantar en la mañana. Aunque parezca que mi salud es muy buena en un momento, nadie sabe cuándo me pueda atacar una enfermedad repentina.

Y, sin embargo, la vida es lo más cierto; como lo dice Pablo: “Del Señor somos”. Él me compró con la sangre de su propio Hijo. Me ha hecho hijo suyo amado, por el regalo de la fe que me da. Ha reservado para mí una morada en su mansión celestial. Y sabe cuál es el momento en que me va a llevar a esa morada. Hay una cosa de la que puedo estar seguro porque soy para él su amada posesión: que no puedo perder, porque le pertenezco a él.

No puedo perder mientras él me tenga aquí. Los días que me esperan pueden tener más nubes de tormentas que resplandor del sol; el diablo me puede golpear con sus tentaciones en mis puntos más débiles; el pecado puede llenar la barca de mi vida más rápido de lo que yo la puedo achicar. Pero no puedo perder. Jesús está a mi lado para llevarme a salvo a través de cualquier tormenta; viene a mí con su amor que perdona, me fortalece con su maravilloso poder. Hace todo eso por medio de su Palabra. Cuando vivo en su Palabra, estoy a salvo.

Oración:

Señor, te pido que estés cerca de mí por medio de tu Palabra, que me llenes con sus promesas en la vida y en la muerte. Amén.