EL VÁSTAGO DE ISAÍ

Saldrá una vara del tronco de Isaí, y un vástago retoñará de sus raíces. Y reposará sobre él el Espíritu de Jehová; espíritu de sabiduría y de inteligencia, espíritu de consejo y de poder, espíritu de conocimiento y de temor de Jehová.

—Isaías 11:1-2, RV1960

Por todo el planeta están desparramadas ruinas de enormes construcciones de piedra. Es evidente que sus constructores pertenecían a una civilización que conocía una tecnología muy avanzada. Todas esas construcciones se hicieron con enormes y pesados bloques de piedra que fueron traslados de distantes lugares hasta el sitio de la construcción. Sus piezas de piedra tienen cortes perfectos que encajan milimétricamente entre sí. Excepto lo mencionado poco o nada se conoce de tales constructores. La historia de su gente y gobernantes se ha perdido en la noche de los tiempos. Lo mismo hubiera sucedido con la historia del pueblo de Israel sino hubiera la Biblia.

Toda la nación de Israel rechazó a Jehová cuando se apartaron en pos de los ídolos paganos de la tierra de Canaán. La tribu de Judá, de la cual el Mesías vendría, y a la que pertenecía el linaje del rey David, fue condenada por su desobediencia y rebelión a perder su gloria y poder al punto de ser reducida a una simple vara. Es precisamente eso lo que Isaías anunció al rey Acaz: El hacha del juicio de Dios reducirá el linaje real de David a una vara. De su majestuosidad quedará únicamente un vago recuerdo. De su poderío sólo unas cuantas historias de pasados triunfos. Sus riquezas serán saqueadas, su fama y gloria serán desconocidas para todos, excepto los lectores de la Biblia.

El texto que hoy meditamos es la profecía con la que Isaías anuncia que el Mesías no vendría de la gloriosa corte de David y Salomón sino de la humilde familia de Isaí, el padre de David. Tanto el hecho de que el Mesías provenga de la vara de Isaí (que habla de un linaje y dinastía que ya no existe) como el que nacería de una virgen hablan de intervención divina. La llegada del Mesías sería un acontecimiento eminentemente milagroso. La profecía añade, que el Espíritu de Dios reposará sobre él con tres pares de dones: Sabiduría e inteligencia; consejo y poder; conocimiento y temor de Jehová. Este último par habla de la relación intima del Mesías con Dios. El pueblo de Israel tuvo una relación simbólica con Dios a través de los ritos de la religión hebrea. Pero el Mesías abrió las puertas para una relación real, personal e íntima de Dios con su pueblo. El Mesías no vino para reinar políticamente sobre las naciones por mil años como el judaísmo apostata enseñaba. Vino para reinar en el corazón de cada hijo de Dios (Juan 4:21; 18:36).

Oración:

Señor, te doy gracias que por el poder de tu evangelio ya reinas en mi corazón. Amén

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