NO TEMEREMOS 

 No temerás el terror de la noche, 

Ni la flecha que vuela de día  

Ni la pestilencia que anda en tinieblas,  

Ni la destrucción que hace estragos en medio del día. 

 —Salmo 91:5-6, Nueva Biblia de los Hispanos.  

 

El terror de morir alcanzado por uno de los rayos motivó a Martín Lutero para hacer el voto de ser un monje si salía vivo de la tormenta. Sin embargo el terror no le abandonó en el monasterio. Por el contrario, allí conoció más acerca de la ira de Dios contra el pecado y el pecador (Salmos 7:11) y cuán merecedor era de la condenación eterna. Un día, leyendo la Biblia, encontró el sosiego para su atribulada alma en las palabras «El justo vivirá por la fe.» (Romanos 1:17). Comprender la obra de salvación que Jesucristo efectuó a favor de la humanidad cambió para siempre la perspectiva de Martín. De ahí en adelante ya no serviría a Dios motivado por el temor a ser castigado. Conmovido por el amor de Dios, su corazón se llenó de alegría al conocer la buena noticia de que Cristo ya había hecho absolutamente todo lo necesario para salvarnos y en amor quiso servirle, gozoso, por gratitud. De ahí en adelante Martín dejó de vivir aterrorizado confiado que todo lo que le sucedía era lo mejor para él y que ni uno de sus cabellos se caería sin el permiso de Dios.  

 

Al permitir que sus pensamientos fueran renovados por el evangelio Martín llegó a comprender que la santa cena no era un sacrifico incruento que debía ofrecer para aplacar la ira divina y así ganar el perdón de los pecados. Por el contrario, como Cristo mismo lo dijo, Martín creyó que al comer el pan y beber el vino, participaba del cuerpo y de la sangre del Señor que fueron entregadas para el perdón de los pecados. Comprendió que el evangelio, el bautismo y la Santa Cena no eran cosas que Dios exigía que el hombre haga para agradarle. Pero sí eran los medios que Jesucristo designó para anunciar y otorgar gratuitamente los beneficios de su sacrificio redentor y para sembrar la fe en el corazón del hombre y fortalecerla (Romanos 1:16; 10:17).  

 

Cuando Lutero llenó su corazón con la palabra de Dios no pudo callar y denunció la falsa doctrina. Entonces una gran persecución se desató contra él y los que le apoyaban. En lugar de quedar paralizado por el terror escribió las palabras del Himno «Castillo Fuerte»: «Que muestre su vigor Satán y su furor. Dañarnos no podrá, pues condenado es ya por la palabra Santa»  

Oración:

Señor, saber que me amaste tanto como para derramar tu vida por mí me asegura que ni la vida ni la muerte, ni lo presente ni lo futuro, ni los poderes del cielo ni los del infierno, ni nada de lo creado. ¡Nada, absolutamente nada, podrá separarnos del amor que me muestras en tu evangelio. Amén  

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Meditaciones son presentadas por Publicaciones Multilingües-WELS y www.CristoPalabraDeVida.com.

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