UN ANCLA QUE SOSTIENE

Tenemos como firme y segura ancla del alma una esperanza. Hebreos 6:19

De repente, la cometa de Marcos se había ido; el viento la había llevado a una gran altura en el cielo, donde ondulaba con toda su belleza. Pero Marcos se había distraído y había soltado la cuerda. Desconectada, la cometa se fue y desapareció en el bosque.

Así como esa cometa, mi esperanza para la salvación necesita una cuerda o, como dice el versículo, un ancla. Un ancla es solo tan buena como el suelo en el que clava sus uñas. El agua, seguramente no le va a servir; ni tampoco lo hará la arena durante mucho tiempo. Para sostener la embarcación de forma segura, el ancla tiene que incrustarse en el suelo apropiado. ¿Puedo preguntar cuál debe ser el ancla para mi esperanza de salvación? Hay una sola ancla: Jesús. “En ningún otro hay salvación, porque no hay bajo el cielo otro nombre dado a los hombres mediante el cual podamos ser salvos”, afirma la Escritura (Hechos 4:12). “Yo soy el camino, la verdad y la vida… Nadie llega al Padre sino por mí”, dijo el Salvador mismo (Juan 14:6).

Estos versículos amplían la imagen, para mostrar que Jesús es tanto el ancla como la tierra firme para mi alma. Como un ancla cuyas fuertes uñas no se pueden torcer ni deformar, yo tengo en Cristo una esperanza absolutamente fuerte y confiable. Así como un ancla sostiene el barco solo cuando está fijada en el suelo correcto, yo tengo mi esperanza anclada en el lugar correcto: en aquel que es mi único Salvador. Marcos soltó la cuerda y perdió su cometa. Señor Dios, ayúdame a aferrarme a Jesús con los dedos de mi fe.

.

Oración:

Señor, te pido que me ayudes a creer que mi esperanza de salvación no se puede edificar sobre nada distinto de la sangre y la justicia de Jesús. Amén.