(Lectura de la Biblia en tres años: Levítico 11:25–47, Mateo 27:57–61)

RECOMPENSAS DE GRACIA POR FE

Más bien, cuando des un banquete, invita a los pobres, a los inválidos, a los cojos y a los ciegos. Entonces serás dichoso, pues aunque ellos no tienen con qué recompensarte, serás recompensado en la resurrección de los justos.

—Lucas 14:13–14

¿Cómo se sentiría usted si le invitarían a comer bodrio? Bodrio es un caldo hecho con sobras que se servía a los indigentes en las puertas de algunos conventos. Debido al mal sabor de la comida ya dañada, bodrio llegó a significar algo que está mal hecho o es de mal gusto. ¿Aprobaría Jesús esa clase de banquete para pobres?

Un fariseo invitó a Jesús y a sus discípulos a un banquete. Allí el Señor dirigió a su anfitrión las palabras del texto de hoy. Las personas invitan a sus banquetes a quienes pueden devolverles el favor. Lo hacen con la expectativa de recibir pronta retribución. Jesús propone exactamente lo opuesto: el bien desinteresado, como está escrito: «No se olviden de compartir sus productos con los de la tribu de Leví que viven en su ciudad, pues a ellos no se les dieron tierras para cultivar y a ustedes sí. […] No sólo ellos podrán tomar alimentos de allí, sino también los huérfanos, las viudas y los refugiados que vivan en la ciudad. Si obedecen estas instrucciones, Dios los bendecirá y todo les saldrá bien». (Deuteronomio 14:27-29; Mateo 5:46). Hacer bien a quien no está en posibilidades de retribuirnos es propio de verdaderos discípulos de Cristo. También es evidencia de fe que espera la recompensa en el cielo y no la busca aquí y ahora en la tierra. Cristo promete que tales buenas acciones serán recompensadas. La recompensa no vendrá por el mérito nuestro, puesto que todas nuestras buenas obras delante de Dios son trapo de inmundicia. Pero vendrán porque Dios les añade el mérito de Cristo. Por eso son llamadas «recompensas de gracia». (Isaías 64:6; Hebreos 11:6)

No hemos sido solidarios con el necesitado con la perfección que Dios exige. Pero Jesucristo sí lo fue, en lugar nuestro. Él también cargó con el castigo que merecemos por este pecado. En gratitud vamos a querer poner por obra la exhortación apostólica: «No nos cansemos de hacer el bien, porque a su debido tiempo cosecharemos si no nos damos por vencidos. Por lo tanto, siempre que tengamos la oportunidad, hagamos bien a todos, y en especial a los de la familia de la fe.» (Gálatas 6:9-10)

Oracion:

Señor, te suplico me afirmes en la verdadera fe por el poder de tu evangelio, presente en tus medios de gracia, de modo que yo no busque tanto ser consolado, como consolar; Ser comprendido, como comprender; Ser amado, como amar. Porque, sólo por tus méritos es que: Dando, recibimos; perdonando, somos perdonados; y muriendo, somos resucitados a la Vida Eterna. Amén.

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