(Lectura de la Biblia en tres años: Marcos 12:13–44)

JUEVES SANTO

[Jesús] tomó pan y, después de dar gracias, lo partió, se lo dio a ellos y dijo:

—Este pan es mi cuerpo, entregado por ustedes; hagan esto en memoria de mí. De la misma manera tomó la copa después de la cena, y dijo:

—Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre, que es derramada por ustedes.

— Lucas 22:19-20

En la noche del último jueves que Jesús pasaría junto a sus discípulos antes de su muerte, él se reunió con ellos para celebrar la Pascua, pero también para celebrar la primera Cena del Señor. Hasta ese momento los discípulos discípulos se veían a sí mismos como discípulos porque ellos literal y físicamente andaban tras Jesús. Eso significa que se ponían de pie o se sentaban cuando él les mandaba hacerlo, caminaban cuando él caminaba e iban donde él iba. Nadie podría negar que fueran sus discípulos pues eso era lo que se veía. Sin embargo esa relación con el Señor iba a terminar esa misma noche. Esto lo hace notar claramente el apóstol Pablo en 2 Corintios 5:16, quien no tuvo la bendición de estar entre los doce y que perteneció a la segunda generación de discípulos, pero que comprendía perfectamente que un discípulo de Cristo es aquél que confía en sus promesas.

El jueves santo, Jesús declaró una de las promesas más importantes de la Biblia. La iglesia a través de los siglos ha dado el nombre de sacramento a esta promesa. La palabra latina «sacramentum» de la que proviene el término español sacramento significa «promesa sagrada». Una promesa sagrada es solemne y firme de tal modo que solo Dios puede hacerla. ¿Cuál es la promesa sagrada de la cena del Señor? Jesús promete a sus discípulos, que cada vez que coman el pan y beban el vino, celebrando la cena que el mismo instituyó, con ese pan y ese vino también recibirían su cuerpo entregado a la cruz y su sangre derramada a favor de la humanidad. Al participar en la cena del Señor no solo recibimos esos cuatro elementos, también nos es asegurado, gratuitamente, el perdón de los pecados que él ganó como sustituto nuestro, ese es el evangelio visible.

Las promesas del Señor son firmes y confiables. Pero esta promesa no es comprensible a nuestra naturaleza caída (1 Corintios 2:14) Por esto algunos han querido limitarse a ver en la cena del Señor solamente el cuerpo y la sangre de Cristo sin el pan y sin el vino, o solamente ver el pan y el vino sin el cuerpo ni la sangre. Pablo nos anima a participar con discernimiento, es decir, con fe (1 Corintios 11:29). En gratitud por la salvación vamos a querer hacerlo.

Oración:

Señor, tu palabra me asegura que tu obediencia perfecta y tu sacrificio expiatorio me dan libre entrada a tu presencia y a la salvación eterna. Te suplico que por el poder del evangelio me afirmes en la verdadera fe para la vida eterna. Amén. 

www.cristopalabradevida.com/

Meditaciones son presentadas por Publicaciones Multilingües-WELS y www.CristoPalabraDeVida.com.

Licencia Creative CommonsEsta obra está bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivadas 4.0 Internacional.

Todas las citas bíblicas, a menos que se indique lo contrario, están tomadas de La Santa Biblia, Nueva Versión Internacional®, NVI®. Copyright © 1986, 1999, 2015 por Biblica, Inc. ™ Todos los derechos reservados en todo el mundo.