“Si saben que él es justo, sepan también que todo el que hace justicia ha nacido de él” (1 Juan 2:29).

SOMOS HIJOS DE DIOS, RECONOCIDO POR NUESTRAS ACCIONES 

Las acciones son más elocuentes que las palabras. Esto es especialmente cierto en aquellos que dicen ser cristianos. Se puede reconocer a los hijos de Dios por la vida que llevan. Jesús dijo: “Ustedes los conocerán por sus frutos, pues no se recogen uvas de los espinos, ni higos de los abrojos. El buen árbol no puede dar frutos malos, ni el árbol malo dar frutos buenos… Así que ustedes los conocerán por sus frutos” (Mateo 7:16-18,20).

¿Cuáles son las acciones que caracterizan a los hijos de Dios? En primer lugar, los hijos de Dios son fieles a las Escrituras. Cuando Dios habla, escuchamos. Dios nos habla por medio de su palabra. No sometemos la Biblia a nuestra razón. Más bien, sometemos nuestra razón a la palabra de Dios. No queremos enseñar lo que va en contra de la Escritura. Cuando otros enseñan el error, lo reprobamos y lo corregimos. Si incurrimos en error, aceptamos la corrección de buena gana para que podamos enseñar solo lo que la palabra de Dios enseña.

Los hijos de Dios también desean hacer su voluntad. Queremos evitar todo lo que nuestro Padre celestial prohíbe. Lo que ordena, deseamos hacerlo. Amamos a Dios, y amamos a nuestros semejantes. Este amor nos identifica como hijos de Dios.

Es posible que la gente finja llevar una vida cristiana. Por fuera su vida puede parecer que se conforma a la voluntad de Dios. No podemos ver el corazón de la gente para ver si es verdaderamente cristiana. Pero hay ciertas características que podemos observar. Cuando las personas deliberada y persistentemente enseñan o viven en contra de la palabra de Dios, tenemos razón en cuestionar si realmente son hijos de Dios.

Los hijos de Dios son bendiciones para aquellos que los rodean. Cuando los cristianos primitivos dieron su vida en los anfiteatros romanos, los paganos romanos se maravillaron de “¡Cuánto se amaban unos a otros!”. La vida que llevaban los cristianos hizo que otros quisieran saber más acerca de Jesús. Ojalá que siempre vivamos como hijos de Dios. Que nuestra vida lleve a muchos otros a aprender acerca de su Salvador.

Oración:

Padre celestial, ayúdanos siempre a ser lo que somos: tus hijos por medio de la fe en Cristo. Amén.