LA PLAGA FINAL

Y habrá gran clamor por toda la tierra de Egipto, cual nunca hubo ni jamás habrá.

– Éxodo 11:6 (RVR1995)

En las primeras nueve plagas Dios usó poderes de la naturaleza de manera sobrenatural y milagrosa para manifestar que era él quien las enviaba. Sin embargo, en la última plaga empleó una manifestación totalmente sobrenatural. Las primeras nueve plagas al ser examinadas en grupos de tres evidencian algunas semejanzas interesantes: primero, en cada grupo, la primera y la segunda plagas le son anunciadas al faraón con anticipación. La tercera se da sin previo aviso. Segundo, dentro de las plagas mismas hay una progresión, un aumento en la gravedad, y las últimas tres son especialmente graves y destructivas. Tercero, se trata de tres grupos, cada uno de tres plagas que culminan en una décima plaga, siendo el número diez el símbolo de la totalidad. Cuarto, en el primer grupo de plagas, los magos egipcios replican las dos primeras plagas y en la tercera reconocen el poder de Dios que está detrás de ellas. Quinto, a partir del segundo grupo de plagas, los israelitas son exonerados de sufrirlas.

Tras estas nueve plagas el faraón llegó a un alto nivel de endurecimiento. Dios envió la décima plaga que consistía en la muerte de todo primogénito egipcio, tanto humano como animal. Antes de la primera plaga, Dios anunció a Moisés que el primogénito de faraón moriría, cuando dijo: «Cuando vuelvas a Egipto, no dejes de hacer ante el faraón todos los prodigios que te he dado el poder de realizar. Yo, por mi parte, endureceré su corazón para que no deje ir al pueblo. Entonces tú le dirás de mi parte al faraón: “Israel es mi primogénito. Ya te he dicho que dejes ir a mi hijo para que me rinda culto, pero tú no has querido dejarlo ir. Por lo tanto, voy a quitarle la vida a tu primogénito”» (Éxodo 4:21-23).

Dios siempre habla en serio, y no tomar en cuenta sus palabras (ya sean amenazas o promesas incondicionales) trae consecuencias eternas. Faraón no creyó y, por eso, no solo perdió su primogénito sino también la salvación eterna y hoy sufre el fuego del infierno. Menospreciar la palabra del Señor no es poca cosa. Yo merezco la misma condenación pues no aprecio la palabra de Dios perfectamente (Mateo 5:48). Gracias a Dios, Jesucristo apreció la palabra de Dios perfectamente en lugar de nosotros y murió en la cruz pagando nuestros pecados. En gratitud vamos a querer apreciar esa palabra prestando atención lo mejor posible y poniéndola en práctica.

Oración:

Espíritu Santo, hiciste en mí tu obra extraña para darme conciencia de cuán pecador soy y cuánto necesito del Salvador Jesucristo. Por el evangelio creaste en mí la fe salvadora para poder beneficiarme del perdón que ganó Cristo para mí. Te suplico que me guardes en la verdadera fe para la vida eterna. Amén.

Meditaciones son presentadas por Publicaciones Multilingües-WELS y www.CristoPalabraDeVida.com.

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