CUANDO EL JUSTO HACE INIQUIDAD

Y cuando un justo se desvíe de su justicia y cometa iniquidad, Yo pondré un obstáculo delante de él, y morirá; porque tú no le advertiste, él morirá por su pecado, y las obras de justicia que había hecho no serán recordadas, pero Yo demandaré su sangre de tu mano.

“Sin embargo, si tú has advertido al justo de que el justo no debe pecar, y él no peca, ciertamente vivirá porque aceptó la advertencia, y tú habrás salvado tu vida.”

—Ezequiel 3:20-21, Nueva Biblia de los Hispanos.

Los nombres, en hebreo, usualmente resaltan la característica principal de la persona. En el libro que Dios inspiró al profeta Ezequiel, Dios lo llama «hijo de hombre» noventa y tres veces. Esto muestra que Ezequiel no fue llamado para ser un superhéroe o un super apóstol. Por el contrario, Ezequiel fue llamado como un simple y frágil mortal, un hijo pecador de Adán que sólo podía aportar a su trabajo su propia debilidad.

Las personas que ocupan puestos de liderazgo, incluyendo los del pueblo de Dios, se encuentran en condiciones ideales para abrigar orgullo y soberbia. El orgullo y la soberbia no sólo constituyen una violación del mandato que nos da Dios de amar, sino que obstaculizan los esfuerzos de los hombres para servir a Dios, pues levantan barreras y hacen extremadamente difícil la existencia de las buenas relaciones interpersonales que agradan a Dios.

Por otra parte, en la Biblia no hay cabida para entender que alguien sea «justo» por las obras. Justo, en la Santa Escritura, es aquél que ha sido declarado justo por la fe (Habacuc 2:4; Salmos 143:2; Romanos 1:16). Dios asigna a Ezequiel la responsabilidad de advertir al justo contra el peligro de caer de su justicia por la fe. Cabe preguntar ¿Acaso es posible perder la salvación? La Salvación (ser justo por la fe sola) viene por mediante la fe que Dios nos otorga en el evangelio, y mientras andamos por fe no es posible perder la salvación. Pero sí es posible perder la fe. Esto puede suceder a causa de la falsa doctrina. Las falsas doctrinas tuercen las palabras de la Escritura y debilitan la fe salvadora. Jesús enseñó que la fe débil puede perderse. (Lucas 8:4-15, 18) La impenitencia o falta de arrepentimiento del pecado también destruye la fe (Mateo 18:15-17; 1 Corintios 6:9-10). Cuando nosotros fallamos en amonestar al creyente que ha pecado no solo nos hacemos cómplices de su maldad sino también culpables de su perdición. Cristo nos salvó gratuitamente y en gratitud vamos a querer amonestar al que abandona la vida de arrepentimiento y también al que se aparta de la verdad en pos de la falsa doctrina.

Oración:

Señor, no siempre tengo el valor ni la sabiduría para amonestar al que se aparta de tu camino. Te suplico me auxilies para que, en gratitud por la salvación, pueda hacerlo oportunamente. Amén.

 

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