(Lectura de la Biblia en tres años: Deuteronomio 31:1–23, Lucas 4:38–44)

LAS REUNIONES DEL PUEBLO DE DIOS

Reunirás a todos los hombres, mujeres y niños de tu pueblo, y a los extranjeros que vivan en tus ciudades, para que escuchen y aprendan a temer al Señor tu Dios, y obedezcan fielmente todas las palabras de esta ley.

—Deuteronomio 31:12

No fuimos creados para vivir aislados. Fue Dios mismo quien dijo: «No es bueno que el hombre esté solo.» (Génesis 2:18). Cuando imaginamos que podemos crecer espiritualmente solos y aislados de otros creyentes, en realidad nos estamos engañando a nosotros mismos. Pero eso no significa que asociarnos con cualquiera que afirme ser creyente sea lo más saludable ¿Cómo así?

En varios pasajes de la Biblia, Dios deja muy claro que Él quiere que alimentemos nuestro espíritu al aprender su palabra en comunión intima con otros creyentes (Hebreos 10:25). Con tal propósito ha instituido la iglesia. Tanto la palabra iglesia como la palabra sinagoga conllevan la idea de estar deliberadamente reunidos con un propósito claro. Tal propósito no es el de escuchar unos las opiniones de otros, sino, más bien, escuchar juntos la Palabra de Dios. Cristo mismo no mandó que sus discípulos se reunieran los domingos. Pero sí inició la práctica de hacerlo ese día a partir del domingo que resucitó. Durante el espacio de tiempo que va desde su resurrección hasta su ascensión realizó reuniones dominicales con sus discípulos. Después de su ascensión y con la venida del Espíritu Santo, los discípulos comenzaron a tener más reuniones durante la semana «Se mantenían firmes en la enseñanza de los apóstoles, en la comunión, en el partimiento del pan y en la oración. […] Y día tras día, en el templo y de casa en casa, no dejaban de enseñar y anunciar las buenas nuevas de que Jesús es el Mesías.» (Hechos 2:42; 5:42). Tenían reuniones pequeñas en las casas de los creyentes y también grandes reuniones en locales amplios como el templo. Su propósito: En gratitud alabar a Dios al proclamar el evangelio en la predicación de la Palabra y la administración del bautismo y la santa cena para dar a conocer la verdad y consolidarla en el ser humano. Queremos seguir haciendo esto en gratitud a Cristo quien nos rescató de las tinieblas a la luz.

Oración:
Señor Jesucristo, aunque no merezco tu amor incondicional, tú diste tu vida perfecta para pagar por mis pecados. Con los méritos de tu obediencia perfecta y tu muerte vicaria conseguiste mi salvación. En gratitud quiero adorarte y honrarte escuchando tu palabra, aprendiéndola y poniéndola en práctica. Por tus medios de gracia, te suplico, afírmame en la verdadera fe para la vida eterna. Amén.

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