JESÚS: LA MAYOR RIQUEZA DE LA VIDA

―No tengo plata ni oro —declaró Pedro—, pero lo que tengo te doy. En el nombre de Jesucristo de Nazaret, ¡levántate y anda!. . . De un salto se puso en pie y comenzó a caminar. Hechos 3:6,8

Eran las tres de la tarde, la hora en que los judíos iban al templo para orar. Pedro y Juan estaban entre ellos. Cuando llegaron a la puerta, un mendigo digno de compasión extendió su mano pidiendo una moneda. ¿Cómo podría alguien rechazar a ese hombre, que con sus secas piernas nunca había dado un paso en la vida? Imagine la decepción de ese inválido cuando Pedro le dijo: “No tengo plata ni oro” para darte. Pero imagine también la alegría de ese hombre cuando Pedro le dijo: “pero lo que tengo te doy. En el nombre de Jesucristo de Nazaret, ¡levántate y anda!”

El hombre había estirado la mano pidiendo una moneda y recibió un milagro. A simple vista no podemos llegar a ver la parte más grande del milagro. No podemos ver cómo fue limpiado de pecado y llenado de fe el tullido corazón de ese hombre. Jesús y su perdón, Jesús y su amor, Jesús y todo lo que su nombre contiene se convirtió en propiedad del mendigo para tenerlo y disfrutarlo. No es extraño que se quedara cerca a Pedro y a Juan. No estaba dispuesto a soltar a los que lo habían llevado al Salvador, el premio más valioso de la vida.

Cuando levanto hacia Dios mi mano vacía de mendigo, ¿estoy buscando lo mejor que él tiene para darme? Las cosas que necesito para la vida diaria son solo dinero de bolsillo que viene de Dios; el verdadero tesoro viene en la forma de su perdón, la paz y la vida eterna. Él deja caer esas riquezas en mi mano por medio de su Palabra y los sacramentos; por medio de ellos me dice cada día de mi vida: “Lo que tengo te doy. Y es lo mejor de todo”.

Oración:

Señor Jesús, cuando yo te tengo a ti, tengo la mayor riqueza de la vida; te pido que me ayudes a recordar siempre esto. Amén.