“Después de esto vi aparecer una gran multitud compuesta de todas las naciones, tribus, pueblos y lenguas. Era imposible saber su número. Estaban de pie ante el trono, en presencia del Cordero” (Apocalipsis 7:9).

CONTEMPLE LA MULTITUD VESTIDA DE ROPAS BLANCAS – VEA DÓNDE ESTÁ 

Vinieron de todas las naciones de la tierra, pero ahora están unidos ante el trono de Dios.

El trono simboliza el poder y el reinado de Dios. Antes de ascender a los cielos, Jesús declaró que toda autoridad le había sido dada en el cielo y en la tierra. Como verdadero Dios y verdadero hombre, gobierna todo el mundo en beneficio de su iglesia. En el tiempo que se describe en esta visión, este mundo ha dejado de existir y los frutos del reinado misericordioso de Cristo están reunidos ante el trono en el cielo.

El cordero es, desde luego, Jesús nuestro Salvador. Juan el Bautista lo llamó “el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo” (Juan 1:29). Los corderos de la Pascua original tenían que derramar su sangre para que los israelitas pudieran marcar los postes de las puertas y el ángel de la muerte pudiera pasar por alto a los primogénitos. Como la Pascua se celebraba cada año a partir de entonces, el cordero de la Pascua le recordaba al pueblo de Israel que había sido librado de Egipto. Pero también señalaba al Salvador, que vendría y derramaría su sangre para librarnos de la esclavitud del pecado, de la muerte y del infierno.

Todos los que están ante el trono y en presencia del Cordero en el cielo también estuvieron con Cristo en este mundo. Algunos fueron creyentes devotos y fieles toda su vida, personas que podríamos esperar ver en el cielo otra vez. Algunos fueron niños bautizados, cuya vida terrenal fue breve. Algunos fueron convertidos recientemente, cuyas chispas de fe se hicieron llamas y sobrevivieron hasta que el Señor los llevó ante él en el cielo. Hay aquellos que parecen haber muerto prematuramente, pero en realidad el tiempo fue una bendición especial de la gracia de Dios.

Algunos que están ante el Cordero en el cielo serán una sorpresa para nosotros. Como el ladrón en la cruz que estaba al lado derecho de Jesús, estas personas se arrepintieron en sus horas finales. Fueron como tizones arrancados del fuego. Ahora están entre los santos en el cielo.

Algunos tuvieron muchos problemas obvios en esta vida, pero el Espíritu Santo misericordiosamente preservó su fe y les dio el gozo eterno en lugar de sus breves pesares.

A todos ellos se les ve estando de pie ante su Salvador en el cielo. El Señor Jesús, quien es el Cordero de Dios y nuestro Buen Pastor, no permitió que nadie fuera arrancado de su mano.

Oración:

Oh Cristo, Cordero de Dios, ten misericordia de nosotros y concédenos tu paz eternamente. Amén.