“Por tanto, vivan como hijos de luz (porque el fruto del Espíritu se manifiesta en toda bondad, justicia y verdad)” (Efesios 5:8,9)

LAS METAS DE UN REFLECTOR CRISTIANO

Un cristiano chino una vez comentó: “Hacerse cristiano es fácil. Lo que resulta difícil es ser cristiano”. Creo que la mayoría de nosotros estaría de acuerdo con esa declaración. La mayoría de nosotros se hizo cristiano a través del bautismo, poco después de haber nacido. Pero la lucha de ser cristiano ha seguido desde que nos dimos cuenta de la diferencia entre el pecado y la obediencia que debemos a nuestro Señor.

La batalla diaria contra las tentaciones de la trinidad nefasta: el diablo, el mundo y el pecado en nosotros, algunas veces deja a los soldados de Cristo cansados de la batalla y débiles espiritualmente. Algunas veces perdemos de vista la meta que debemos tener como seguidores de Cristo en el siglo XXI. Por medio de Pablo, Dios nos recuerda los objetivos a los que vamos a disparar en nuestro servicio para Cristo por amor a él.

Con la ayuda del Espíritu Santo, vamos a esforzarnos por alcanzar la bondad. El amor de nuestro Salvador nos motiva a tratar a otros en la forma en que él los trata. Pero algunas veces aparece la tentación de no ser demasiado bueno. Nos unimos a otros para burlarnos de un compañero de escuela o de trabajo. Tendemos a rehuir a personas que necesitan un amigo más que nada. No queremos compartir o no queremos ser objeto del ridículo de nuestro grupo. No queremos perder nuestro lugar en el grupo. Reflejar la bondad de Cristo puede ser difícil.

La justicia también es fruto, o resultado, de la luz. Debemos esforzarnos por hacer lo que es correcto ante los ojos de Dios. Vivimos en un mundo donde todos exigen sus derechos, pero no muchos se preocupan por la justicia. Algunos exigen el derecho de realizar un aborto. Otros exigen sus derechos de vivir como homosexuales. Para algunos, la opinión pública reemplaza la palabra inalterable de Dios como la norma de lo que es bueno y lo que es malo. Defender lo que es bueno ante los ojos de Dios puede ser difícil y peligroso.

La verdad es otro fruto que Dios produce en nuestra vida. A algunas personas no les gusta la verdad. No les gusta que les digan que llevar una vida de buenas obras no es suficientes para comprar boletos para entrar en el cielo. Para los cristianos, la palabra de verdad es la norma por la cual todo debe ser juzgado.

“Toda bondad, justicia y verdad”, ¿son las metas de nuestra vida? ¿Las perdemos de vista algunas veces? Por no poder producir “el fruto del Espíritu”, miramos a Cristo para que nos perdone. También miramos al Señor mientras nos esforzamos por ser mejores reflectores de su luz.

Oración:

Señor, ayúdanos a alcanzar con más constancia las metas que has establecido para nosotros. Amén.