SACERDOTE PARA SIEMPRE 

 Juró Jehová y no se arrepentirá: «Tú eres sacerdote para siempre según el orden de Melquisedec». Reina Valera Revisada (1960)  

 — Salmo 110:4  

Cuando Dios hizo la tierra y la llenó de seres vivientes no usó tecnología de punta, ni innumerable maquinaria, ni tuvo hábiles ingenieros a su servicio. Simplemente dio órdenes que se cumplieron de inmediato por el solo poder de su palabra. De igual manera cuando Jesucristo destruya al anticristo no hará uso del mejor armamento ni de ejércitos excelentemente entrenados. Pablo nos dice que el Señor lo «matará con el espíritu de su boca, y destruirá con el resplandor de su venida» (2 Tesalonicenses 2:8) 

 

Estas dos realidades bíblicas nos ayudan a percibir que Dios no piensa ni actúa como nosotros. Por eso es necesario que nuestros pensamientos y nuestra manera de pensar sean sujetadas a la Biblia y no sujetar la Biblia a nuestra forma de pensar. Saber esto es importante para comprender a la misma Biblia, y especialmente lo que se refiere a Jesucristo, nuestro Salvador. Según la Biblia Jesucristo no solo es rey, sino también sacerdote y profeta. El ejerció su oficio profético durante su ministerio terrenal. Actualmente ejerce su oficio sacerdotal en presencia del Padre. De eso trata la meditación de hoy.  

 

Según la palabra de Dios, Jesucristo ejerce su oficio sacerdotal en el cielo delante del Padre. y lo hace intercediendo por su discípulos. (Hebreos 7:25) El Salmo 110 describe a Cristo como el Salvador completo que todos necesitamos. Sólo él tuvo el amor y la humildad para ofrecerse a él mismo como el sacrificio perfecto por el pecado. Él tiene el poder para guardarnos de todo mal, especialmente del mal de perder la fe. Puesto que conoció la debilidad humana se compadece de nosotros y de lo frágiles que somos (Hebreos 5:2). Jesucristo no solo es sacerdote según el orden de Melquisedec. Él es el sumo sacerdote del pueblo sacerdotal de Dios. Todo cristiano es parte de ese pueblo.  

 

Oración:

Espíritu Santo, hiciste en mí tu obra extraña para darme conciencia de cuán pecador soy y cuánto necesito del salvador Jesucristo. Por el evangelio creaste en mí la fe salvadora para poder beneficiarme del perdón que ganó Cristo para mí. En el bautismo me hiciste miembro del real sacerdocio, la nación santa. Te suplico que con tus medios de gracia me guardes en la verdadera fe de modo que lleve fruto para la vida eterna. Amén. 

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