EL IMÁN DE LA CRUZ

Dichosos los perseguidos por causa de la justicia, porque el reino de los cielos les pertenece. Mateo 5:10

Pero yo, cuando sea levantado de la tierra, atraeré a todos a mí mismo. Juan 12:32

En nuestra congregación misionera en Canadá, en la década de 1960, teníamos personas que venían de una gran variedad de lugares. Por las normas muy indulgentes de inmigración, esas personas habían llegado de Estonia, Alemania, Escocia, Polonia, Grecia y Finlandia para labrarse una nueva vida en una nueva tierra. Esa era una congregación internacional; pero, en cierto aspecto, todos los miembros eran iguales: la cruz de Cristo los había atraído.

Así como lo dijo el Salvador, todas las personas van a ser afectadas porque él fue “levantado de la tierra”. Con esa expresión, Jesús se refería a su crucifixión, cuando estaría colgando sobre la tierra del Calvario. Su cruz iba a ser como un imán que tendría un efecto sobre todas las personas: o se arrodillarán delante de ella en fe en el Salvador, o se apartarán de ella en incredulidad que condena. La salvación por medio de la vida, muerte y resurrección de Jesús o atrae o repele a los pecadores.

La mujer junto al pozo en Samaria, el centurión romano cuyo siervo estaba enfermo, los griegos que fueron a buscar a Jesús, y los creyentes de la Iglesia Luterana de Nuestro Salvador en Sault Ste. Marie, Ontario, Canadá, son ejemplos de aquellos que el amor de Jesús atrajo a su cruz. ¡Qué inmensa iglesia internacional es la que el Dios de toda gracia está edificando para su cielo! Con tu sangre derramada en la cruz, Jesús “compró para Dios gente de toda raza, lengua, pueblo y nación” (Apocalipsis 5:9). Él también ha pagado por mí y quiere que su cruz me atraiga a él como mi único Salvador.

Oración:

Señor, te pido que el mensaje del evangelio de salvación me atraiga y me sostenga siempre cerca de mi Salvador. Amén