JEHOVÁ LLAMA A SAMUEL

Samuel estaba durmiendo en el templo de Jehová, donde se encontraba el Arca de Dios; y antes que la lámpara de Dios fuera apagada, Jehová llamó a Samuel. Este respondió: «Heme aquí». […]

Dijo Jehová a Samuel: «Yo haré una cosa en Israel que a quien la oiga le zumbarán ambos oídos. Aquel día yo cumpliré contra Elí todas las cosas que he dicho sobre su casa, desde el principio hasta el fin. Y le mostraré que yo juzgaré su casa para siempre, por la iniquidad que él sabe; porque sus hijos han blasfemado contra Dios y él no se lo ha impedido. Por tanto, yo he jurado a la casa de Elí que la iniquidad de su casa no será expiada jamás, ni con sacrificios ni con ofrendas.»

– 1 Samuel 3:3-4, 11-14 (RVR1995)

Cuando Martín Lutero era un joven estudiante de la Universidad de Erfut, encontró en la biblioteca una Biblia en latín. Al hojear sus páginas, se detuvo con gran interés en el pasaje de la meditación de hoy. ¡Cuánto hubiera deseado ser Samuel y haber podido oír la voz de Dios! Sin embargo, su gran descubrimiento fue hallar que en las páginas de la Biblia Dios nos habla a nosotros, tal como una vez le habló a Samuel.

En los días de Samuel y en los de Lutero, «escaseaba la palabra de Jehová» pues la gente tenía poco interés en conocer lo que Dios tenía que decir. Ni siquiera los sacerdotes que tenían fácil acceso a las Escrituras le prestaban la debida atención. No puede caer sobre una nación un juicio mayor que el de no ocuparse de la palabra del Señor. Cuando el evangelio es despreciado, Dios lo aleja de quienes así lo tratan. Haríamos bien en recordar que nuestro constante desinterés por las cosas de Dios podría llevarnos a una situación similar (Amós 8:11,12). Si la palabra no nos aleja del pecado, el pecado nos alejará de la palabra.

Dios siempre habla en serio, y no tomar en cuenta sus palabras (ya sean amenazas o promesas incondicionales) trae consecuencias eternas. Menospreciar la palabra del Señor no es poca cosa. Yo merezco la misma condenación pues no aprecio la palabra de Dios perfectamente como Dios lo demanda (Mateo 5:48).

Gracias a Dios, Jesucristo apreció la palabra de Dios perfectamente en lugar de nosotros y murió en la cruz pagando nuestro pecado de menospreciar la palabra de Dios. En gratitud vamos a querer apreciar la Biblia, es decir, la palabra de Dios, prestándole atención lo mejor posible y poniéndola en práctica. Recuerden: es en la Biblia donde Dios nos revela la salvación en Cristo y nos hace sus promesas preciosas de perdón y vida eterna con él en el cielo.

Oración:

Espíritu Santo, que hiciste en mí tu obra extraña para darme conciencia de cuán pecador soy y de cuánto necesito del salvador Jesucristo, y que por el evangelio creaste en mí la fe salvadora para poder beneficiarme del perdón que ganó Cristo para mí: Te suplico que me guardes en la verdadera fe para la vida eterna. Amén.

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