“Miren cuánto nos ama el Padre, que nos ha concedido ser llamados hijos de Dios” (1 Juan 3:1).

SOMOS HIJOS DE DIOS, AGRADECIDOS POR SU GRACIA

Siempre es conveniente hacer un inventario de las bendiciones que tenemos como hijos de Dios. Los versículos de 1 Juan, que hemos estado considerando los últimos días, nos ayudan a hacer eso. Sabemos que nuestro Señor nos ama mucho. Aunque somos pecadores que no merecemos nada sino su justa condenación, nuestro Señor aún nos ama. Para asegurar nuestra salvación, Dios envió a su Hijo al mundo para redimirnos del pecado, de la muerte y del poder del diablo. Por medio de la fe en Cristo poseemos su justicia. Por lo tanto, esperamos con anhelo las alegrías del cielo que nos pertenecen en Cristo.

¡En verdad, el Padre nos ama tanto que nos ha concedido ser llamados hijos de Dios! Cuán grandes son nuestras bendiciones! Con el corazón sincero y agradecido, lo adoramos con nuestros labios y nuestra vida. Cada vez que vamos a la iglesia, tenemos un motivo para cantar alabanzas a Dios. Somos sus hijos, a quienes él ha redimido. Tenemos un significado y un propósito en nuestra vida. Ofrecemos nuestra vida como sacrificio a Dios, que nos ha bendecido abundantemente.

El trabajo que desempeñamos tiene un nuevo significado cuando lo realizamos como una manera de dar las gracias al Salvador. Ya sea que nuestra ocupación sea la de ser madre, padre o hijo; ya sea que trabajemos en una fábrica o detrás de un escritorio; ya sea que sirvamos en un púlpito o en un salón de clase o sentados en una banca, nuestro trabajo tiene significado cuando se hace por agradecimiento al Salvador. No importa si otras personas reconocen el trabajo que realizamos. Nuestro trabajo tiene un significado para nuestra vida por cuanto lo hacemos para agradecer a Jesús por lo que ha hecho por nosotros.

Somos hijos de Dios, que estamos agradecidos por su gracia. Lo adoramos con los labios y con el corazón. Lo adoramos con nuestra vida. En vista de la gracia inagotable de Dios, que respondamos con acción de gracias y con vida agradecida al Dios de nuestra salvación.

Oración:

[Señor,] el mundo entero no será Presente digno de ofrecer: Amor tan grande y sin igual En cambo exige todo el ser. Amén. (CC 46:4)