LOS SACERDOTES SON LLAMADOS A ENSEÑAR

Entonces Jehová habló a Aarón y le dijo: «Ni tú ni tus hijos debéis beber vino ni sidra cuando entréis en el Tabernáculo de reunión, para que no muráis. Estatuto perpetuo será para vuestras generaciones, para poder discernir entre lo santo y lo profano, y entre lo inmundo y lo limpio, y enseñar a los hijos de Israel todos los estatutos que Jehová les ha dado por medio de Moisés».

– Levítico 10:8-11 (RVR1995)

¿Usó alguna vez un traje de gala? En el pasado era común ver a las personas vestir muy elegantemente cuando tenían que asistir a una fiesta o a algún acontecimiento importante. Dios mandó que los sacerdotes levitas vistieran trajes de gala para hacer su oficio. Pero no solo quiso que su vestimenta sea especial. También ellos deberían ser especiales. Debían ser capaces de discernir entre lo santo y lo profano pues dentro de su llamado, ellos tenían la responsabilidad de enseñar la palabra de Dios al pueblo de Israel.

Nosotros, los creyentes cristianos, hemos sido llamados a ser una nación de sacerdotes (1 Pedro 2:9) y estamos revestidos del mejor traje de gala que pueda existir, es decir, los méritos de Cristo. La Biblia dice que los cristianos, como iglesia, somos la esposa de Cristo y que a esa esposa se le concedió que «se vista de lino fino, limpio y brillante: porque el lino fino son las justificaciones de los santos» (Apocalipsis 19:8, Reina Valera 1909). Aunque otras traducciones dicen «acciones justas» en lugar de «justificaciones» en el original hay una sola palabra griega y que se traduciría mejor como «el veredicto justo». No se refiere a los hechos de los santos sino al veredicto de Dios de declarar a los pecadores justos por causa de Jesús.

Este correcto entendimiento de la palabra explica mejor el lino que les fue dado a los santos. Vestidos con la justicia de Cristo, Dios nos llama a anunciar sus maravillas. Al igual que los levitas somos llamados a hacer discípulos enseñando a todas las naciones todo lo que Cristo ha enseñado (Mateo 20:18-20).

Puesto que no hicimos eso, y si lo hicimos no lo hemos hecho perfectamente (Mateo 5:48), somos merecedores de toda la ira de Dios. Jesucristo como nuestro doble sustituto pagó, con su vida, nuestros pecados y cumplió el ministerio perfectamente y lo hizo en lugar de nosotros. Sus méritos atribuidos en nuestra cuenta son el traje de gala con el cual somos vestidos para nuestro sacerdocio como creyentes. En gratitud vamos a querer servir al Señor haciendo discípulos de todas las naciones y enseñando todo lo que él ha mandado.

Oración:

Señor de la cosecha, envía obreros a tu mies y concédeme ser uno de ellos. Amén.

Meditaciones son presentadas por Publicaciones Multilingües-WELS y www.CristoPalabraDeVida.com.

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