NO SIRVE CUALQUIER NOMBRE

«Todo el que invoque el nombre del Señor será salvo.» (Romanos 10:13)

Nuestros cuatro niños solían reírse de nosotros porque, en el calor del momento, los llamábamos con los nombres equivocados. Pero les decíamos: “Está bien; cualquier nombre sirve, a menos que los llamemos Pixie”—el nombre de nuestro perro.

Pero, en el serio asunto de la salvación, no sirve cualquier nombre. A pesar de la tendencia actual a permitir que todo dios sea dios y que la opinión religiosa de cada uno sea tan válida como las de los otros, la Biblia sigue insistiendo en un solo nombre para la salvación. La salvación se halla solo en Jesús. Solo él es “el camino, la verdad y la vida” y “nadie llega al Padre sino por mí” (Juan 14:6). Solo la preciosa sangre de Jesús, el Hijo de Dios, “nos limpia de todo pecado” (1 Juan 1:7).

Cuando se trata de nosotros, cualquier nombre sirve. “Todo el mundo…” dijo Pablo. No importa cuál sea mi nombre, cuántas veces he pecado ni hasta dónde me he desviado, ni el idioma que hablo, ni el color de mi piel. El único Salvador del mundo vino para todos, vino por mí. Por mí dijo respecto del castigo por mis pecados: “Todo se ha cumplido” (Juan 19:30). Las puertas del cielo están abiertas para mí. Al final de la vida, él me dirá: “Ven, . . . recibe tu herencia, el reino preparado para ti desde la creación del mundo” (Mateo 25:34).

El nombre de Jesús es el único nombre de salvación. Le doy gracias a Dios porque conozco esa bendita verdad. Y le doy gracias a Dios porque, en su gracia, el conoce mi nombre entre todos los nombres de los que lo invocan.

Oración:

Señor, concede que cada día de mi vida yo te cante: “Jesús es mi Rey soberano, mi gozo es cantar su loor.” Amen. (CC 405:1)