UN CORAZÓN ÍNTEGRO

Yo les daré un corazón íntegro, y pondré en ellos un espíritu renovado. Les arrancaré el corazón de piedra que ahora tienen, y pondré en ellos un corazón de carne, para que cumplan mis decretos y pongan en práctica mis leyes. Entonces ellos serán mi pueblo, y yo seré su Dios.

—Ezequiel 11:19-20

Me ha sucedido algo muy desagradable e increíble: Hay un pecado que detesto por sobre todos los demás, realmente lo odio. Nunca pensé que me podría suceder, pero caí en ese preciso pecado ¿Cómo? ¿Por qué? No lo podía entender. No era parte de mis debilidades y sin embargo caí. Me pasó por confiado. San Pablo nos advierte: «si alguien piensa que está firme, tenga cuidado de no caer (1 Corintios 10:12). Según la Biblia nuestro corazón es muy engañoso (Jeremías 17:9). Una de sus debilidades es que no es íntegro. Eso significa que nuestro corazón está dividido por el pecado. Por ejemplo, Salomón al principio de su reinado honró a Dios y dijo: «Jehová, Dios de Israel, no hay Dios como tú, ni arriba en los cielos ni abajo en la tierra, tú que guardas el pacto y la misericordia a tus siervos, los que andan delante de ti con todo su corazón.» (1 Reyes 8:23, RV1995). Pero el corazón de Salomón no estaba rendido por completo al Señor, «Porque cuando Salomón ya era viejo, sus mujeres desviaron su corazón tras otros dioses, y su corazón no estuvo dedicado por completo al Señor su Dios, como había estado el corazón de David su padre» (1 Reyes 11:4, NBLH).

El Señor no nos exige que nosotros tratemos de cambiar nuestro engañoso corazón. Solo él puede hacerlo y por eso promete que lo hará. Dios usa su palabra para cambiar nuestro corazón (Hebreos 4:12) Con su ley nos muestra la necesidad que tenemos de ser salvados. Pero su ley no nos cambia, como está escrito: «Si se hubiera promulgado una ley capaz de dar vida, entonces sí que la justicia se basaría en la ley.» (Gálatas 3:21). Solamente el evangelio tiene poder para cambiarnos. Por esto necesitamos ser expuestos continuamente a la pureza del evangelio que nos viene tanto en forma predicada (Romanos 1:16); como en forma visible (los sacramentos del Bautizo y Santa Cena, anuncian el perdón).

Oración:

Señor, por tus medios de gracia concédeme un corazón agradecido e íntegro de manera que con diligencia pueda predicar el evangelio. Te lo suplico en el nombre de Jesucristo, tu Hijo amado.  Amén.

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