JESUCRISTO, EL EVANGELIO VIVO

Ahora, hermanos, quiero recordarles el evangelio que les prediqué, el mismo que recibieron y en el cual se mantienen firmes. Mediante este evangelio son salvos, si se aferran a la palabra que les prediqué. De otro modo, habrán creído en vano.

Porque ante todo les transmití a ustedes lo que yo mismo recibí: que Cristo murió por nuestros pecados según las Escrituras, que fue sepultado, que resucitó al tercer día según las Escrituras.

– 1 Corintios 15:1-4

Tengo dos noticias, una buena y otra mala. Primero les digo la buena: la palabra evangelio significa buena noticia. Eso es lo que Dios tiene y quiere para nosotros, una buena noticia. La mala noticia es que nuestro viejo Adán, es decir, nuestra naturaleza pecadora rechaza la buena noticia de Dios porque ella hace inútil a nuestra «opinio legis», inutiliza nuestra tendencia a querer ser salvados por nuestras buenas obras en lugar de la gracia de Dios. Por esto Pablo dice que mediante el evangelio somos salvos, pero aclara que es necesario permanecer en el evangelio para no haber creído en vano. Dice esto porque un creyente puede llegar a ser un incrédulo, tal como Jesucristo lo ilustró con la parábola del sembrador (Mateo 13:1-23).

Todo verdadero creyente es salvo por gracia por medio de la fe. Esa fe es un don que Dios imparte en el evangelio presente en los medios de gracia (el evangelio anunciado y los sacramentos del Bautismo y la Cena del Señor). Pero esa fe puede llegar a ser débil o finalmente desaparecer. Por eso Dios ha suministrado sus medios de gracia para afirmar y fortalecer a los creyentes en la fe. Aunque el apóstol Pablo claramente expone el contenido del evangelio en este pasaje, es en otro pasaje en el que nos revela que el evangelio es Jesucristo: «Pero cuando agradó a Dios, que me apartó desde el vientre de mi madre, y me llamó por su gracia, revelar a su Hijo en mí, para que yo le anunciase como evangelio entre los gentiles, no consulté en seguida con carne y sangre» (Gálatas 1:15-16 Versión Recobro).

Anunciar el evangelio no es otra cosa que anunciar a Cristo como la buena noticia de Dios para nosotros. Jesucristo es la buena noticia porque él obedeció perfectamente la voluntad de Dios en lugar de nosotros y sufrió el castigo por nuestros pecados en sustitución de nosotros. Oír lo que Cristo hizo por nosotros es oír el evangelio. Tal buena noticia es poder de Dios para salvación.

Oración:

Señor, concédeme un corazón agradecido y diligencia para predicar a Cristo, el evangelio. Amén.