JESÚS – EL PODER NECESARIO EN LA VIDA

Al instante los pies y los tobillos del hombre cobraron fuerza. De un salto se puso en pie y comenzó a caminar. Luego entró con ellos en el templo con sus propios pies, saltando y alabando a Dios. Hechos 3:7,8

“En el nombre de Jesucristo de Nazaret, levántate y anda,” le dijo Pedro, tomándolo de la mano, poniendo al cojo sobre sus pies. Ahora, esos pies no se derrumbaron, sino que lo sostuvieron y también pudieron caminar sin ningún entrenamiento. No nos sorprende que el hombre saltara, alabando a Dios en el templo. El poder de Jesús lo había sanado, en cuerpo y alma.

¿Hay momentos en los que necesito el poder de Jesús? Quizás la pregunta, mejor formulada, sea: ¿Hay alguna vez un momento en el que no necesito el poder de Jesús? Los problemas con el cuerpo, las preocupaciones por la familia, los pecados particulares y peculiares que me atormentan; todo eso puede lisiar los pies de la fe y llevarla incluso a la parálisis. ¡Tengo una gran necesidad de su poder en cada paso del camino! Algunas veces, él envía su poder de maneras muy evidentes, como cuando se resuelven los problemas o se aclaran las situaciones. Otras veces, ese poder viene en formas más silenciosas, menos reconocibles, como cuando no quita de mí las cargas sino que fortalece los músculos de la fe para seguirlas llevando. El poder de su amor está siempre ahí para darme la seguridad de que la más pesada de mis cargas se ha ido. Mis pecados no me pueden paralizar porque Jesús los ha quitado de mí.

Un hombre de negocios le envió un mensaje a la compañía Rolls-Royce para que le informaran la potencia exacta en caballos de fuerza del motor de su auto. La compañía no le informó cuál es la potencia de sus motores, le respondió con una sola palabra: “adecuada”. La respuesta cuando yo pregunto por el poder de Jesús siempre es: «Más que adecuado».

Oración:

Señor, te doy gracias por tu ayuda en el pasado; te pido que me ayudes a confiar en tu poder también en el futuro. Amén.