¿CÓMO ENCONTRAR A DIOS?

El corazón me dice: «¡Busca su rostro!» Y yo, Señor, tu rostro busco.

– Salmo 27:8

Entre las plantas del jardín, un sabio muy preocupado que buscaba ansiosamente su llavero pidió a sus alumnos le ayuden a encontrarlo. Tras mucho intentarlo sin resultados, se agobiaron. Entonces uno de ellos preguntó:

— Maestro ¿dónde perdió sus llaves?

— Dentro la casa, cerca la chimenea—respondió tranquilamente el sabio.

Muchas veces confundí buscar con encontrar y, además, busqué en el lugar equivocado. Los cristianos queremos no solo buscar a Dios, también queremos encontrarlo.

Aunque es necesario dejar claro que Dios es quien nos busca y encuentra (Juan 6:44), igualmente es importante dejar claro que Dios nos mueve a buscar su rostro. Esto significa que él pone en nosotros el anhelo de conocerle, conocer sus propósitos y sus caminos (Filipenses 2:13). Muchos hemos imaginado que buscar a Dios es simplemente orar pidiendo nos muestre cómo es él y cuál es su voluntad y que él nos revelará la respuesta mediante algún sueño, visión, circunstancia o sentimiento. Aunque orar es parte de buscar, no lo es todo. Las visiones, sueños, sentimientos, etcétera, pueden ser engañosos (Mateo 24:24; 2 Tesalonicenses 2:9-10).

Cristo dijo que el Espíritu Santo nos guiará a toda verdad y así será (Juan 16:13-14). Pero es vital conocer que el Espíritu Santo no actúa separado de la Palabra de Dios, la Biblia. Solo es posible encontrarnos con Dios en la Biblia. El principio de LA SOLA ESCRITURA significa que Dios solo habla y da a conocer su voluntad en la Biblia, y es por esto que Martín Lutero escribió: «A menudo he afirmado que al comienzo de mi causa siempre le pedía al Señor que no me enviara sueños, visiones o ángeles. […] Porque si tengo la Palabra, sé que estoy yendo por el camino correcto y no puedo engañarme fácilmente o equivocarme» (Comentario a Génesis 38-44).

Solo la Biblia tiene la garantía de ser la Palabra de Dios. Cualquier otra revelación diferente a la que da la Biblia está condenada por Dios y es un pecado contra el primer y segundo mandamientos (Gálatas 1:8). La ira de Dios está contra la falsa revelación y los que la promueven (Deuteronomio 13:5). Cristo rechazó la falsa revelación en lugar de nosotros y fue castigado con la ira de Dios por este pecado nuestro. Ahora nosotros queremos cerrar nuestros oídos a toda revelación que no sea la que Dios nos dio en su Palabra y ser celosos en apreciarla (Mateo 4:1-9). Queremos buscar y encontrar a Dios donde él mismo se ha revelado, en su Palabra.

Oración:

Señor, perdóname por no buscarte en tu Palabra y por no hacerlo perfectamente como lo has mandado. Te doy gracias por Jesucristo, mi Redentor, pues por sus méritos sé que tengo tu perdón. Amén.