SALVACIÓN PARA TODOS EN EL MONTE SIÓN

Acontecerá en los postreros tiempos que el monte de la casa de Jehová será colocado a la cabeza de los montes, más alto que los collados, y acudirán a él los pueblos.

Vendrán muchas naciones, y dirán: «Venid, subamos al monte de Jehová, a la casa del Dios de Jacob; él nos enseñará en sus caminos y andaremos por sus veredas», porque de Sión saldrá la Ley, y de Jerusalén la palabra de Jehová.

— Miqueas 4:1-2, Reina Valera 1995

Las promesas de los capítulos 4 y 5 de Miqueas se cumplirán en los «postreros tiempos» (desde la venida del Mesías) comenzando por la restauración del remanente de Israel (vers. 6, 7), cumplida en la iglesia hoy en día (Hechos 2:17; Hebreos 1:2), y consumada en los nuevos cielos y nueva tierra al final del tiempo (2 Pedro 3:12; Apocalipsis 21–22).

En un sorprendente salto Miqueas se traslada de la destrucción del «monte del templo» (3:12, la réplica terrenal del santuario celestial cf. Éxodo 25:9; 9:23, 24) a la exaltación del monte de la casa de Jehová, como cabeza de los montes (los centros paganos, políticos y religiosos). Miqueas anuncia el futuro glorioso cuando todas las naciones adorarán al Dios de Israel en la Jerusalén celestial a través de Jesucristo (cf. Hebreos 12:22). Las naciones, que corrían para adorar al ídolo Bel en Babilonia (cf. Jeremías 51:44), ahora correrán a la Jerusalén celestial. En el Antiguo Pacto solamente los israelitas podían subir a adorar a Dios en Jerusalén. Pero en el Nuevo Pacto mesiánico, muchas naciones subirán a la Jerusalén celestial para adorar en espíritu y en verdad (Juan 4:21–24). Ellas irán de modo que Dios, por medio de «sacerdotes» verdaderos, le enseñe sus caminos (cf. Mateo 5:17; 28:18–20; 1 Pedro 2:9). Cuando la ley salga de la Sión celestial y de la palabra profética la Jerusalén celestial, vendrán los beneficios de los vers. 3 y 4.

Allí donde la iglesia visible está presente se cumplen las palabras de esta profecía de Miqueas. Puesto que Jesucristo, en la parábola de la cizaña, enseñó que aparecerían falsos cristianos y falsas iglesias cabe preguntarse ¿Cómo reconocer si una congregación es parte de la Jerusalén celestial? Por estas dos las señales: 1) La correcta división entre ley y evangelio. Las iglesias que motivan a las personas a cumplir la ley para agradar a Dios son legalistas y farisaicas. La ley debe ser usada para mostrar el pecado y sus consecuencias. El puro evangelio se anuncia a los pecadores que están aterrorizados por su pecado y la ira divina. 2) La otra señal es la correcta administración del bautismo y la cena del Señor, las cuales Cristo instituyó para impartir su perdón gratuito, no para merecerlo.

Oracion:

Señor, que por los méritos de tu Hijo Jesucristo me salvaste y me hiciste parte de tu pueblo, abre mis ojos y entendimiento para ser miembros de una congregación que evidencie las señales de la iglesia cristiana. Amén. 

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