(Lectura de la Biblia en tres años: Génesis 17, Mateo 5:38-48)

RECIPROCIDAD Y SOLIDARIDAD

Ustedes han oído que se dijo: “Ojo por ojo y diente por diente.” Pero yo les digo: No resistan al que les haga mal. Si alguien te da una bofetada en la mejilla derecha, vuélvele también la otra. Si alguien te pone pleito para quitarte la capa, déjale también la camisa.

— Mateo 5:38-40

Solía pensar que «Ojo por ojo y diente por diente», significaba que Dios me daba el derecho de cobrar venganza. También los fariseos pensaban así. Pero la Biblia no enseña eso.

Cuando Moisés dijo: «vida por vida, ojo por ojo, diente por diente, mano por mano, pie por pie, quemadura por quemadura, golpe por golpe, herida por herida.» (Éxodo 21:23–25), no estaba dando permiso para que uno pueda vengarse personalmente. Claramente, Dios prohíbe toda forma de venganza: «No digas: «Le haré lo mismo que me hizo; le pagaré con la misma moneda.» (Proverbios 24:29) El Señor condena tal forma de reciprocidad. Dios dice: «Mía es la venganza; yo pagaré» pues él es el dueño de la venganza (Deuteronomio 32:35). Después de asesinar a su hermano Abel, Caín tuvo miedo de que alguien cobre venganza. Jehová le puso una marca para advertir que nadie, excepto Dios, es el dueño de la venganza. La ley del Talión era como esa marca pues frenaba al que quiera vengarse por mano propia y declaraba que el castigo no debe excederse.

Cristo nos dice que no resistamos al malo, que no tomemos la venganza en nuestras propias manos y que soportemos el maltrato en lugar de vengarnos. Él quiere que seamos promotores de paz, incluso llegando a dejar que nos quiten los bienes antes que entrar en conflicto. Pero el propósito del Señor no es el que cumplamos mecánicamente estos preceptos. Él quiere que examinemos nuestro corazón para hallar la raíz del asunto a la luz de la Palabra de Dios. Obrar bien con el propósito de conseguir algo en realidad no es obrar bien. Es obrar interesadamente. La reciprocidad solo es intercambio de favores. Eso no es diferente de los que hacen incluso los incrédulos (Mateo 5:46,47). El verdadero bien es desinteresado pues obra por amor. Dios quiere que obremos motivados no por reglamentos sino por convicciones bíblicas. Hemos fallado en esto muchas veces y con ello ofendimos a Dios. Por esto merecemos toda su ira. Pero Cristo obedeció perfectamente obrando el bien por amor en lugar nuestro y cargando con nuestro castigo como nuestro sustituto. En gratitud vamos a querer buscar el bien incluso de aquellos que nos parece que no lo merecen.

Oración:

Señor, no puedo amar perfectamente. Pero tu hijo lo hizo por mí. En gratitud quiero amar como me amaste. Te suplico que por el poder del evangelio me afirmes en la verdadera fe para la vida eterna y así crezca en ese amor.   Amén.

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