(Lectura de la Biblia en tres años: 2 Samuel 15:1–15, Lucas 24:13–19)

EL SEÑOR HA ASCENDIDO

Dios el SEÑOR ha ascendido entre gritos de alegría y toques de trompeta.

—Salmo 47:5

Llamamos la ascensión de Cristo al evento en el cuál, diez días antes de Pentecostés, él fue llevado hacia el cielo y una nube lo ocultó de la vista de ellos. El texto de la meditación de hoy fue escrito muchos años antes de la ascensión de Cristo ¿A qué se refiere cuando afirma que Dios ha ascendido entre gritos de alegría y toques de trompeta?

Los israelitas del antiguo pacto, celebraron con gritos de júbilo y con resonar de trompetas, hechas de cuerno de carnero, el momento en que Dios «ascendió» a Jerusalén, cuando David llevó el arca del pacto (2 Samuel 6:12–15) Para un lector del tiempo del Antiguo Testamento el Salmo 47 pudo haber sido un recordatorio de aquél emotivo momento pues la narración lo describe con las mismas palabras:

«¡Subió Dios con júbilo, Jehová con el sonido de trompeta!». (Salmos 47:5, RV95)

«Así, con júbilo y sonidos de trompeta, David y toda la casa de Israel conducían el Arca de Jehová.» (2 Samuel 6:15, RV95)

El arca del pacto del Antiguo Testamento era el asiento de la misericordia, es decir, el trono de gracia de Dios. Allí él se mostraba propicio para perdonar el pecado en base a la sangre del pacto que el sacerdote (Éxodo 25:21). Por esto los israelitas estaba tan gozosos pues era una muy buena noticia saber que Dios gobernaría misericordiosamente. Aquel arca del pacto era una figura para ilustrar cómo la gracia de Dios beneficiaría a toda la humanidad. Hoy hay gracia para todos, pues el cuerpo de Cristo fue dado en expiación a favor de nosotros y su sangre derramada para el perdón de nuestros pecados. Tal como lo explican Juan y Pablo: «Él es la propiciación por nuestros pecados, y no solamente por los nuestros, sino también por los de todo el mundo»; somos «justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús, a quien Dios puso como propiciación por medio de la fe en su sangre» (1 Juan 2:2; Romanos 3:24,25, RV95). Cristo es el rey del Salmo 47 ante quien toda gente de las naciones como pueblo de Abraham. En gratitud vamos a querer celebrar con el mismo gozo la exaltación de Cristo y su venida, por medio del evangelio, a todas las naciones.

Oración:

Gracias Señor, has cambiado mi lamento en baile; me quitaste la ropa áspera y me vestiste de alegría. Por tanto, a ti cantaré, gloria mía, y no estaré callado.
Jehová Dios mío, ¡te alabaré para siempre! Amén. (Salmo 30:11-12).

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