CONFORTÉMONOS

«¡Consolad, consolad a mi pueblo!», dice vuestro Dios. Hablad al corazón de Jerusalén; decidle a voces que su tiempo es ya cumplido, que su pecado está perdonado, que doble ha recibido de la mano de Jehová por todos sus pecados.

—Isaías 40:1-2, Reina Valera 1995

Jorge Federico Haendel, un destacado músico del pasado, es bastante conocido por su Oratorio de Navidad compuesto en 1741 y titulado «El Mesías». La porción más famosa de esta obra es el majestuoso «Aleluya» que es interpretado por el coro acompañado con trompetas y timbales. Aunque siempre se la ha relacionado con la Navidad, esta magnífica obra presenta la historia de la salvación desde el tiempo de los profetas mayores hasta la vida, pasión y exaltación de Jesucristo. La letra de todas las canciones son textos selectos de la Biblia. El primer canto inicia con las palabras que hoy meditamos.

Dios da un sorprendente mandato: «Consolad». La orden es repetida dos veces indicando la importancia de hacerlo. ¿Quién lo hará? En el Antiguo Testamento, el mensaje del consuelo de Dios vino mediante los profetas; y en el Nuevo Testamento mediante los apóstoles. Todos los que comparten el evangelio llevan también el mandato que Dios les da de consolar a su pueblo. Ese mandato se aplica a todos los que comparten la importante tarea de llevar el alivio divino a quienes lo necesitan. Son los pecadores aterrorizados de saber que merecen el infierno quienes necesitan ser consolados.

¿Cuál es la manera en la que ese consuelo ha de ser dado? Dios dice: «Hablad». El consuelo proviene de Dios, el evangelio viene en palabras. Las palabras son la forma por la cual Dios extiende su gracia y misericordia. Dios ordena «Hablad al corazón», usen su voz de modo que se oiga el mensaje. ¿Cuál es ese mensaje que consuela? Ese mensaje son las buenas noticias de salvación que anuncian que el pecado que nos separaba de Dios ha sido cancelado, que hay perdón y que Dios está satisfecho en su santidad y justicia. Cristo, para obedecer perfectamente la vida santa que Dios demanda. La justicia de Dios demanda el castigo eterno del pecador. Cristo vino para recibir ese castigo en lugar de nosotros. Como nuestro doble sustituto él hizo ambas cosas en lugar nuestro. En gratitud queremos anunciar esta buena noticia para consuelo de todos los que siendo conscientes de su pecaminosidad viven desconsolados.

Oracion:

Señor, en gratitud a tu amor, por el que me salvaste cuando estaba perdido como parte de todas las naciones, quiero participar en la misión de llevar tu palabra vivificante y consoladora por todo el mundo. Líbrame de la tentación de evitar hacerlo ¡Haz que pueda serte fiel!  Amén.  

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Meditaciones son presentadas por Publicaciones Multilingües-WELS y www.CristoPalabraDeVida.com.

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