LO QUE DIOS HA HECHO POR MÍ

Vengan ustedes, temerosos de Dios, escuchen, que voy a contarles todo lo que él ha hecho por mí. Salmo 66:16

Era el día después de Acción de Gracias, y estábamos sepultando al abuelo de la familia. Unos días antes de su muerte, él le había pedido a su pastor que usara nuestro versículo como texto para el sermón del funeral, diciendo: “No quiero un mar de lágrimas; quiero que ellos le den gracias a Dios por lo que ha hecho por mí”.

Como ese abuelo, yo soy un pecador; no pasa un día en el que no peque contra mi santo Dios. Pero Cristo murió por todos mis pecados. Cuando el Salvador llevó los pecados del mundo a la cruz del Calvario, parte de esa carga procedía de mí. Cuando el Salvador proclamó desde la cruz que el pago de los pecados había sido consumado, se refería también a los míos. Además, él envió su Espíritu para llevarme a la fe en él como mi Salvador. Lo que yo no podía hacer por mi propio pensamiento o fuerza, lo hizo por mí el Espíritu Santo, llamándome a la fe por el evangelio. El evangelio de la gracia de Dios abrió mis ojos para ver, mis oídos para oír, mi corazón para tener al Salvador.

Dios me promete también que me sostendrá en esa fe hasta el final. Sigo siendo creyente solo por su gracia. Por mí mismo, mi fe solo podría marchitarse en los furiosos vientos de este mundo. Pero el Espíritu de Dios obra por medio del evangelio cuando lo escucho o lo leo, para conservar y para aumentar mi fe. Y Dios hará aún más por mí: cuando exhale mi último suspiro, él me va a llevar al hogar en su cielo.

Si, como hizo ese abuelo, yo quiero que la gente sepa lo que Dios ha hecho por mí, no hay mejor lugar para comenzar que con mi eterna salvación por medio de Cristo Jesús.

Oración:

Te doy gracias, Señor, por todo lo que tú has hecho por mí. Amén.