EL SALMO 117 

 Alabad a Jehová, naciones todas; pueblos todos, alabadlo, 

porque ha engrandecido sobre nosotros su misericordia, 

y la fidelidad de Jehová es para siempre. 

¡Aleluya! 

 —Salmo 117, Reina Valera 1995 

¿Sabe usted cuál es el capítulo más breve de la Biblia? El más corto es el Salmo 117, pues tiene solo un versículo. Pero no es el más corto en cuanto a significado. En este Salmo se rechaza la idea popular de que las diferentes culturas y razas pueden tener sus propias creencias respecto a la divinidad y que no las debemos importunar con la nuestra. Aquí todas las naciones son convocadas para alabar al Señor. Eso no era posible en el Antiguo Testamento, porque las personas de las naciones no podían adorar en el templo a menos que sean circuncidadas físicamente. Los israelitas, que cantaban este salmo durante la fiesta de pascua, entendían que, puesto que solamente hay un Creador y un Redentor, todas las naciones son llamadas a servirle. 

 

Pablo cita este salmo en Romanos 15:7–13, como prueba de que el evangelio ha de ser predicado a todas las naciones. Las palabras de este salmo convocan a las naciones de todo el mundo a beneficiarse de la misericordia y fidelidad de Dios. Para que esto suceda Jesucristo comisionó a la iglesia la responsabilidad de dar a conocer la convocatoria. Las naciones responderán a la invitación del Señor solamente si nosotros, los que ya la hemos escuchado, la damos a conocer a otros. La Biblia claramente enseña que «agradó a Dios salvar a los creyentes por la locura de la predicación.» (1 Corintios 1:21) y que es la palabra del evangelio la que produce fe en el pecador perdido, y mediante esa fe lo salva. (Romanos 1:16; 10:17. Las palabras del Salmo 117 hoy se cumplen en la iglesia cristiana, pues allí gente de toda nación adora al Señor gracias al evangelio que ha sido predicado por todo el mundo. Cada creyente debe comunicar la buena noticia a su entorno (familia, amigos, vecinos, colegas, conciudadanos y extraños) no hacerlo es un pecado contra el nombre de Dios.  

 

Aunque usualmente los creyentes procuramos hablar las buenas noticias, no lo hemos hecho perfectamente (Mateo 5:48). Por eso somos merecedores de toda la ira de Dios. Jesucristo, nuestro doble sustituto fue fiel a la misión perfectamente, en lugar de nosotros y padeció, por nosotros, el castigo que merecemos. En gratitud vamos querer participar en la evangelización de todo el mundo.  

Oración:

Señor, en gratitud a tu obra redentora, con la que me salvaste cuando estaba perdido como parte de todas las naciones quiero participar en la misión de llevar tu palabra vivificante por todo el mundo. Líbrame de la tentación de evitar hacerlo ¡Haz que pueda serte fiel! Amén. 

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Meditaciones son presentadas por Publicaciones Multilingües-WELS y www.CristoPalabraDeVida.com.

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