“En campos de verdes pastos me hace descansar; me lleva a arroyos de aguas tranquilas” (Salmo 23:2)

BAJO EL LIDERAZGO DEL PASTOR 

Se dice con frecuencia que el mejor liderazgo es el que se da con el ejemplo. Sabemos el papel importante que esto desempeña en el proceso de la formación en el hogar. También es una preocupación para aquellos que tienen roles de liderazgo en el gobierno o en la iglesia.

El rey David, autor de este salmo, comprendió el importante papel de ser líder. En sus primeros años, había sido pastor. Sabía que sus rebaños dependían de su capacidad de guiarlos a verdes pastos y a arroyos de aguas limpias y frescas. Más tarde, cuando llegó a ser rey de Israel, sus habilidades pastorales se requirieron nuevamente. Dirigió a la nación en la guerra y en la obediencia a Dios.

Cuando David pecó, cometiendo adulterio y asesinato, el Señor le recordó por medio del profeta Natán: “Los enemigos del Señor hablan mal de él por causa de este pecado tuyo” (2 Samuel 12:14). Con el pecado cometido no solo había dañado la relación personal que tenía con el Señor, sino como líder de Israel, había dado un mal ejemplo, inconsistente con lo que había enseñado.

El Buen Pastor, sin embargo, es un líder perfecto. Su ejemplo es que obedeció perfectamente la ley de Dios. Pero nosotros, su rebaño, no cosechamos los beneficios de su liderazgo siguiendo su ejemplo. De hecho, no podemos hacerlo en absoluto.

Cuando una oveja cae por un precipicio o se encuentra frente a frente con un animal salvaje, lo menos que necesita es seguir un buen ejemplo. No importa cuánto trate el pastor de enseñarle a la pobre oveja cómo subir del precipicio o enseñarle a luchar contra el feroz depredador, la oveja no podría hacerlo. Aun si el pastor le diera un ejemplo perfecto, la oveja todavía estaría perdida.

En tal situación, la oveja necesita que la rescaten, necesita un salvador, no un buen ejemplo. Eso es lo que da nuestro Buen Pastor. Dio su vida por nosotros, sus ovejas. Nos guía conquistando para nosotros a todos nuestros enemigos. Nos da reposo de espíritu y de alma asegurándonos que nuestros enemigos mortales ya no pueden dañarnos. Esto nos da confianza para descansar en los verdes pastos que nos da y para seguirlo a arroyos de aguas tranquilas. Este es el consuelo que David buscó cuando cayó.

La palabra y los sacramentos de Dios nos dan el alimento y el agua espiritual que necesitamos. Nos aseguran la vida tranquila que el Buen Pastor nos da. Ojalá que siempre los tengamos en gran estima y los usemos.

Oración:

Buen Pastor, gracias por dar a mi espíritu y a mi alma reposo, proporcionándome todo lo que necesito para mi salvación. Amén.