SEGURO EN LOS BRAZOS DE DIOS

Dios es nuestro amparo y nuestra fortaleza. Salmo 46:1

El esposo entró de prisa en la sala de emergencias del hospital; su esposa, lesionada en un accidente en la autopista, había sido llevada ahí en una ambulancia. Cuando llegó al lado de la cama, ella comenzó a llorar; él la consoló rodeándola con sus brazos, y las lágrimas de ella comenzaron a disminuir.

¡Cuán desprotegidas se deben sentir las personas que no saben de los todopoderosos brazos de Dios! ¡Cuán temerosos deben estar los que no confían en sus brazos para que los sostengan con seguridad! Cuando sus pecados chocan contra ellos como un auto a gran velocidad, ¿a dónde vuelven sus ojos? Cuando las incertidumbres de la vida se presentan delante de ellos como presentimientos fantasmales, ¿cuál es su refugio? Cuando se acerca el último día de su vida, con el emplazamiento a presentarse delante del juez, ¿a dónde van a esconderse?

Le doy gracias a Dios por los brazos de mi Padre; esos brazos están ahí para mí, porque Jesús pagó todos mis pecados. Fue mi sustituto tanto cuando obedeció perfectamente la voluntad de Dios en lugar de mí como cuando sufrió en la cruz el castigo por mis pecados. Yo confío en esos brazos por el don de la fe que me dio el Espíritu. Cuando Satanás viene acechándome como un león rugiente que quiere hundir sus dientes en mi alma, hallo la fortaleza en los brazos protectores de Dios. Cuando el pecado le ha hecho su diario daño a mi alma, cada noche encuentro el perdón en los amorosos brazos de Dios. Cuando se acumulan sobre mí las nubes de tormenta, hallo un refugio seguro en los todopoderosos brazos de Dios.

Oración:

Alma, bendice al Señor, de tu vida la fuente, Que te creó, y en salud te sostiene clemente. Tu defensor en todo trance y dolor. Su diestra es omnipotente. (CC 195:3)